Berlín, 22 sep (EFE).- El libro "La religión de Hitler", presentado hoy en Berlín, describe al nacionalsocialismo como una secta que hunde sus raíces en el esoterismo y el ocultismo, y a su máximo exponente como un líder religioso del que sus adeptos esperaban la redención.
El autor, Michael Hesemann, afirma que el carácter religioso del nacionalsocialismo es fundamental para entender su lógica interna y comprender la fidelidad a toda prueba de los seguidores de Adolf Hitler y la virulencia del antisemitismo eliminatorio que culminó en el Holocausto.
Según Hesemann, Hitler odiaba tanto a las Iglesias cristianas como al judaísmo, y pensaba reemplazarlas por una nueva religión con su liturgia propia y sus textos sagrados, entre ellos el panfleto "Mi lucha", los escritos del agitador Alfred Rosenberg y los ensayos antisemitas del compositor Richard Wagner.
El papel de mesías en la nueva religión, Hitler se lo reservó para sí mismo.
Hesemann considera que la retórica religiosa del nacionalsocialismo era más que una estrategia de propaganda, y que tanto Hitler como sus seguidores más leales estaban convencidos de actuar siguiendo la voluntad de Dios o de la providencia.
El nacionalsocialismo, para Hesemann, en último término no es otra cosa que la puesta en práctica, en el terreno de la política, de una serie de corrientes esotéricas del siglo XIX entre las que se cuenta la teosofía, la ariosofía y el wagnerianismo.
Hasemann asegura que casi toda la elite del Tercer Reich estudió intensivamente las doctrinas esotéricas de Richard Wagner y la mística neo-gnóstica, y algunos pertenecieron incluso a sociedades ocultistas.
Ante todo, la doctrina neo-gnóstica fue clave, según el libro, en el desarrollo del antisemitismo eliminatorio, debido a su visión del dios de los judíos como un dios inferior, visto como infernal e identificado con el demonio.
Hesemann manifestó en la presentación del libro que la dimensión religiosa del nacionalsocialismo estuvo en un segundo plano durante mucho tiempo debido a que o bien se veía a la religión como algo a lo sumo secundario, o se idealizaba y no se tomaban en cuenta sus elementos destructivos.
"Con el 11 de septiembre volvimos a tener consciencia de los elementos destructivos de la religión", dijo Hesemann.
Esa fecha, según el autor, "nos ha enseñado que la religión es algo más que creencia personal" y que constituye "un poder que puede llevar a los humanos a lo más sublime o a lo más bajo, siempre con la promesa de la redención". EFE
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