Buenos Aires, 14 ene (EFE).- La boda de Juan Domingo Perón con su tercera esposa, Isabel Martínez, se celebró por las presiones de las relaciones sociales que la pareja tenía en Madrid y para lograr que el Vaticano librara de la excomunión al ex presidente argentino.
Así lo revela el libro "López Rega", una biografía recientemente editada por el sello Sudamericana sobre el siniestro personaje que planeó el retorno de Perón desde España a Argentina y que movió los hilos del poder en el país suramericano durante los oscuros años previos al golpe militar de 1976.
Gran parte del libro describe el exilio de Perón en España, entre 1960 y 1972, donde fue acogido por el régimen franquista, pero a condición de que no hiciera declaraciones públicas sobre la situación política en Argentina.
"Franco tiene una relación con Perón traumática. Por un lado, le agradece por la ayuda de alimentos que envió a España en 1947, pero, por otro lado, no aceptaba los problemas de Perón con la Iglesia. No podía acoger a un excomulgado", dijo a EFE el autor del libro, el periodista Marcelo Larraquy.
En realidad, Perón estaba obsesionado por saber si el Vaticano le había excomulgado por la expulsión de Argentina de dos obispos en 1955, durante su primera presidencia, hecho condenado por las leyes canónicas.
El ex presidente estaba convencido de que no podría retornar al gobierno de Argentina sin el perdón eclesial y de que no podría lograrlo mientras viviera en concubinato con Isabel Martínez.
Este dato se lo recordaban una y otra vez las relaciones más cercanas al ex mandatario en Madrid, un núcleo conservador y franquista integrado por el coronel Enrique Herrera Martín, un colaborador del régimen del dictador dominicano Rafael Trujillo, y por Francisco Florez Tascón, director del Hospital Militar.
Su entorno no podía admitir la convivencia durante cinco años con la que Perón presentaba como su secretaria e incluso su confesor, el mercedario Elías Gómez y Domínguez, le dijo que no podría seguir dándole el perdón mientras no reparase "ese pecado".
El fraile, al ser entrevistado por Larraquy, sostuvo que Perón no se había sentido amado por ninguna de sus tres mujeres y que no veía ningún tipo de "compromiso emocional" entre el ex mandatario e Isabel.
Pero a instancias de la esposa de Florez Tascón, que era secretaría del obispo de Madrid, Leopoldo Eijo Garay, logró que el prelado gestionase un perdón ante el Vaticano y autorizase una boda secreta, que se celebró en 1961.
"Fue un casamiento por conveniencia, tanto para Perón, para lograr la absolución, como para Isabel, para encontrar un camino en la vida", señaló Larraquy.
Sin embargo, la parte más jugosa del libro está en el relato de cómo José López Rega conoció en 1965 a Isabel, de cómo ambos formaron una "alianza espiritual y política" en Madrid con vistas a recobrar el poder en Argentina, y de cómo este hecho finalmente se produjo en 1972.
López Rega integraba la secta Anael, que sostenía que los tres vértices de la "triple A" (Asia, Africa y América) operarían la liberación del Tercer Mundo y que, dentro de este "plan cósmico", Perón sería uno de los liberadores en Sudamérica.
"En la primera reunión con Isabel, López Rega habla del retorno espiritual de Perón, e Isabel, que había sido educada en el espiritismo, encuentra una resonancia en él", señala el autor.
López Rega le promete, además, a Isabel que en el retorno de Perón, ella ocuparía el lugar de Eva, segunda esposa del general y quien, con su muerte, había alcanzado el rango de mito.
Isabel Martínez llegó a la presidencia de Argentina en 1974, cuando sucedió a su esposo fallecido, y es entonces cuando López Rega adquirió un poder inusitado como ministro de Bienestar Social y artífice del grupo terrorista "Triple A", que actuaba contra la izquierda.
Acusado de corrupción y atemorizado por la avanzada de los militares golpistas, López Rega huyó en 1965 hacía España, donde recibió la protección de los hermanos José Luis y Antonio Cortina, y más tarde a Suiza y Estados Unidos, de donde fue extraditado en 1986 hacia Argentina, para morir en prisión, sin condena firme, en 1989. EFE
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