Roma, 4 mar (EFE).- La periodista italiana Giuliana Sgrena fue liberada hoy, tras un mes secuestrada en Irak, pero la alegría que desencadenó la noticia se vio truncada de inmediato al conocerse que uno de los agentes que la acompañaban al aeropuerto de Bagdad moría al ser tiroteado su vehículo por una patrulla norteamericana.
El fallecido, Nicola Calipari, experto miembro de los servicios secretos italianos que participó en las negociaciones para liberar a Sgrena, tuvo un último gesto de heroísmo al proteger con su cuerpo a la reportera y salvarle así la vida, según relató el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.
La periodista, de 57 años, y otros dos agentes secretos que viajaban en el vehículo, resultaron heridos, aunque ninguno de ellos de gravedad, y fueron trasladados a un centro hospitalario, donde se recuperan satisfactoriamente.
En una comparecencia urgente, Berlusconi dijo que había convocado al embajador de EEUU en Roma para pedirle explicaciones por lo sucedido y que la gravedad de los hechos "obliga a que alguien asuma las responsabilidades".
El jefe del Gobierno italiano precisó que el incidente sucedió en un puesto de control montado por las tropas estadounidenses en las cercanías del aeropuerto de la capital iraquí, desde donde la periodista iba a ser repatriada.
"Estamos incrédulos y atónitos por la fatalidad y la alegría se ha transformado en dolor por la muerte de una persona que se ha comportado valerosamente", dijo Berlusconi, quien resaltó que el fallecido había participado en casi todos los casos de italianos secuestrados en Irak.
Este luctuoso episodio apagó los ecos de una gran fiesta que se vivía en Italia por la liberación de Srena, de 57 años, difundida por la televisión qatarí "Al Yazira" y rápidamente confirmada por su periódico, "Il Manifesto".
A la alegría del presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, se había sumado el Papa Juan Pablo II desde el Policlínico Gemelli de Roma, donde está hospitalizado.
Con particular emoción habían recibido la noticia sus colegas del rotativo de izquierdas que la mandó como enviada especial a Irak; su padre, que hoy mismo dijo que había soñado que la liberaban, y su compañero de toda la vida, Pier Scolari.
En la redacción de "Il Manifesto", donde no se olvidó que hay otra reportera secuestrada, la francesa de "Liberation" Florence Aubenas, se había desatado una improvisada celebración, en la que no faltaron los gritos a favor de la salida de las tropas italianas de Irak, postura que también defiende la propia Sgrena.
A este mismo argumento apelaron las formaciones de la izquierda italiana, mientras desde el Gobierno se subrayaba la labor de los servicios secretos, sin ninguna mención expresa al desarrollo de negociaciones con los secuestradores.
Giuliana Sgrena fue capturada el pasado 4 de febrero cerca de la Universidad de Bagdad, donde está la mezquita de Al Kastl, a la que había acudido, acompañada de su intérprete, para entrevistar a un grupo de fugitivos suníes.
Tras varias reivindicaciones amenazadoras a través de internet, el pasado día 16 sus captores difundieron un vídeo en el que la periodista imploraba por su liberación y pedía al Gobierno italiano que retirara sus tropas de Irak.
Unos días antes, el Parlamento italiano había aprobado, con los votos en contra de la oposición, la prórroga de la misión militar "Nueva Babilonia", que mantiene desplegados unos 3.000 soldados en la ciudad de Nasiriya, al sur de Bagdad.
Las movilizaciones para pedir la liberación de Sgrena no cesaron desde el día en que se conoció su secuestro y alcanzaron su punto culminante con la gran manifestación que el 19 de febrero reunió en Roma a cerca de medio millón de personas.
Los italianos ya han vivido otras otra angustiosas experiencias por compatriotas secuestrados en Irak, algunos de los cuales, como el guardia de seguridad Fabrizio Quatrocchi y el periodista Enzo Baldoni, fueron asesinados.
Mejor suerte corrieron las cooperantes Simona Pari y Simona Torreta, puestas en libertad tres semanas después de su captura, en medio de la incógnita sobre el presunto pago de un rescate, extremo nunca confirmado. EFE
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