Los científicos han echado mano de la obra de William Shakespeare para bautizar con el nombre de “efecto Macbeth” la tendencia que, según un nuevo estudio, lleva a las personas a lavarse las manos cuando se sienten culpables.
De esto se sabía desde los tiempos de Poncio Pilatos, el procurador romano que se lavó las manos cuando la muchedumbre eligió a Jesús y no a Barrabás. Pero han tenido que pasar 21 siglos para que este gesto intuitivo –el que nos lleva a lavarnos las manos después de o alguna bajeza– sea reconocido por la ciencia.
De acuerdo con un estudio, publicado en la revista Science , los seres humanos tenemos un gran deseo de lavarnos, literalmente, después de haber actuado contra nuestras creencias.
“La asociación entre la pureza moral y la física ha sido algo dado por hecho durante tanto tiempo que es sorprendente que nadie lo haya probado empíricamente”, dijo Chen-Bo Zhong, investigador de la Universidad de Toronto y coautor del estudio.
A esta necesidad de lavarse las manos, Zhong le ha dado el nombre de “efecto Macbeth”, en honor a la famosa tragedia del dramaturgo inglés en la que Lady Macbeth manipula a su marido para que asesine a Duncan, el rey de Escocia, y tiene la ilusión de que “un poco de agua limpiará esta acción".
Hace tiempo que los psicólogos saben que cuando la gente actúa en contra de sus propias creencias, sienten la necesidad de compensarlo. Pero lo que no se había estudiado empíricamente hasta ahora es que esta necesidad de compensar se traduce en algo tan físico como lavarse las manos.
En uno de los experimentos con los estudiantes de la Universidad Northwestern, en Illinois, los investigadores dividieron a los muchachos en dos grupos. A uno se le pidió que recordara una acción poco ética que hubieran cometido en el pasado, mientras que al segundo se le pidió realizar una acción ética.
Posteriormente, los estudiantes pudieron elegir entre dos pequeños obsequios: un lapicero o una toallita húmeda.
El grupo al que se había encargado recordar alguna travesura de la que se arrepintieran eligió, en doble medida que el otro grupo, la toallita con antiséptico.