El célebre pintor del renacimiento Leonardo da Vinci era un devoto vegetariano. De esto dan fe sus numerosos escritos, en los cuales califica como “devoradores de cadáveres” a quienes disfrutan del placer gastronómicos de la carne.
También era un maestro en la interpretación de la lira y el arpa; se dice que fue músico y organizador de fiestas, y hasta un ingenioso inventor de mecanismos para espectáculos teatrales, torneos y festivales europeos.
Así que los ricos del renacimiento no lo buscaban solo por sus pinturas, aquellas en las que logró plasmar el aire por primera vez en los paisajes que rodeaban a ángeles y doncellas, a Giocondas y a discípulos de Jesucristo. Da Vinci fue mucho más.
Los 67 años que vivió el hijo de un notario adinerado y de Caterina, aldeana de Vinci, pueblo florentino de la Toscana italiana (1452-1519), dejaron material para hablar el resto de la historia.
A propósito de la visita al país de la exposición
En sus primeros años, fue criado por su padre, quien se encargó de asegurarle la más exquisita educación. Sin embargo, Leonardo nunca pudo con los idiomas cultos de la época, el latín y el griego. Por eso, la mayor parte de sus escritos los hizo en dialecto toscano, y los escribía al revés de la escritura occidental, que es de izquierda a derecha.
Los numerosos textos que hablan sobre su vida, cuentan que el maestro escribía así para no mancharse con la tinta de la pluma que utilizaba.
Los textos escritos de derecha a izquierda solo se podían leer con ayuda de un espejo. Únicamente las cartas que se veía obligado a enviar a otros, iban escritas de la forma tradicional.
Leonardo, además, nació zurdo, una característica que le ayudaría al final de sus días, cuando una parálisis en el brazo derecho le impidió pintar.
Da Vinci fue un genio un tanto irresponsable con los compromisos adquiridos.
Si Isabella d’Este resucitara, contaría que lo persiguió durante años para que le terminara su retrato. Ella fue una de las mujeres más influyentes de la época, pero eso no valió para que, al final, consiguiera solo un dibujo muy alejado de la pintura con la cual ella soñaba.
Además del trazo espléndido y el esfumado de las figuras, Da Vinci se distinguió como un pintor que abandonaba sus proyectos. El creador de
De hecho, gran parte de sus trabajos se concentraban en el estudio de la ingeniería militar en la cual desarrolló ingeniosos métodos para catapultar objetos y hasta para desviar ríos.
Una de las numerosas biografías del florentino que circulan en la nube, revela que él mismo se encargó de supervisar el levantamiento de fortalezas en los territorios papales, y hasta diseñó un puente en Estambul. Esta obra de la ingeniería solo quedó en el papel, pero los ingenieros actuales aseguran que su construcción todavía es viable.
No se le conoció esposa o hijos. Murió soltero y con la leyenda urbana sobre su homosexualidad. Esta es, quizá, una de las partes más polémicas de su vida. Estaba rodeado de poderosos protectores, quienes lo salvaron de ir a la hoguera y enfrentar a la Santa Inquisición por esa causa.
Si por algo se caracterizaba el maestro era por su elegancia (se dice que era bien parecido y que hasta sirvió de modelo para Verrocchio); también sobresalía por su arte para persuadir durante la conversación y como un extraordinario músico e improvisador en las fiestas palaciegas.
Su voz se escuchó en salones y fiestas. Se llegó a decir, incluso, que era “un virtuoso ejecutante de la lira, pero tan fuerte que era capaz de doblar con los dedos la herradura de un caballo”.
Sus papás –quienes nunca convivieron juntos y tuvieron matrimonios separados–, le dieron a Da Vinci 17 hermanastros.
Estos, a la postre, intentaron dejarlo sin la herencia paterna, pero sus artimañas fueron ágilmente eludidas por Leonardo, quien se dejó para sí tierras y dinero, que luego le heredaría a un aprendiz.
En su testamento, legó sus haberes a su alumno favorito, Francesco Melzi, y a otro llamado Salai, le dejó las pinturas, incluyendo la
En uno de los numerosos escritos sobre el genio italiano, se le describe como pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, físico, biólogo, modisto, inventor de juegos de salón y de utensilios de cocina, geólogo, cartógrafo, autor de tratados de óptica, diseñador de jardines, decorador de interiores, músico, astrónomo y urbanista.
Tantos fueron las áreas del conocimiento en las que intervino con su insaciable necesidad de conocer el mundo que lo rodeaba. A pesar de esto, él mismo se describía como “un hombre iletrado”, por su ignorancia del latín.
Su inteligencia ilimitada lo llevó a adelantarse a su época. Hay quienes afirman que Da Vinci sentó las bases de lo que hoy son las construcciones prefabricadas. A él se le atribuye haber descubierto la circulación sanguínea como producto de sus numerosas incursiones en el estudio de la anatomía humana.
Murió en Francia, como huésped de palacio, y hoy el mundo lo recuerda, con sus excentricidades y genialidades, 559 años después de su nacimiento.