La dominación y las guerras colonialistas vuelven a ser tema en el cine a partir de una novela del escritor A. E. W. Mason (escrita en 1902), que ya ha sido llevada al cine en siete ocasiones: Las cuatro plumas. Esta vez, el filme viene dirigido por Shekhar Kapur, realizador pakistaní nacido en 1945, popular por su exitosa película Elizabeth (1998).
Como se acostumbra en este tipo de cine, lo épico se confunde con la aventura, y esta con el romance. Así es: hay una historia de amor y hay un grupo de soldados ingleses que -en 1884- debe ir a reforzar el poderío colonial en Sudán ante una rebelión sudanesa. De pronto, el soldado Harry (el enamorado) decide no ir a pelear, porque no está de acuerdo con las reacciones militares, porque no quiere ser soldado y porque teme perder a su futura esposa llamada Ethne.
Por eso, sus compañeros lo consideran un cobarde, también su padre (un oficial del ejército), lo mismo piensa Ethne. Sus amigos y su novia le envían, cada uno, distintas plumas que simbolizan la cobardía. Son tres plumas de sus mejores amigos y una de su novia: cuatro, de ahí el título de la novela y de la película.
Harry se consume en su incertidumbre, en Londres, mientras los suyos pelean en Sudán, por eso toma una decisión más fuerte que la que tiene contra la guerra: él solo emprende el viaje a Sudán y se disfraza de árabe para llegar a las líneas enemigas.
Sin embargo, los ingleses son vencidos, lo que da lugar a una intensa aventura por la sobrevivencia y para recuperar el amor de Ethne. El problema es que la película parece andar en arenas movedizas: por momentos mantiene el mejor ritmo y buena intensidad; a ratos decae por sus baches narrativos. Igualmente irregulares son las actuaciones, por lo que pierde intriga y pasión. Es espectacular en las batallas.
En filmografía, nos queda una suma: es la sétima versión cinematográfica de la novela, en este orden: 1915, 1921, 1929, 1939 (se dice que esta es la mejor, de Zoltan Korda), 1955, 1977 y 2002.