Mogadiscio, 24 dic (EFE).- Las Cortes Islámicas de Somalia, que hoy dijeron haber entrado en una "guerra abierta" contra Etiopía, fueron creadas hace doce años y se han convertido en el poder más firme y extendido de todo el país.
Somalia vive en medio del caos desde que en 1991 fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré. Los diferentes clanes y subclanes, liderados por "señores de la guerra" se han disputado el control de las regiones y las ciudades desde entonces.
En 2004 fueron elegidos en Kenia un Gobierno y un Parlamento de Somalia. Ambas instituciones están integradas por políticos y "señores de la guerra".
Los esfuerzos de estas autoridades por devolver la paz a Somalia han sufrido varios tropiezos por las diferencias internas y la falta de decisión de la comunidad internacional para volcarse a fondo con Somalia, actualmente el conflicto más complicado de África.
En medio de este vacío de un poder centralizado, la primera corte que defiende la ley islámica o Sharia fue creada en 1994. En ese año Estados Unidos retiró las tropas que mantenía en el país y dejó a la capital en manos de los "señores de la guerra".
Estos fueron incapaces de mantener la paz en Mogadiscio y las principales ciudades, por lo que los líderes musulmanes intentaron llenar el hueco, especialmente desde febrero de este año, cuando su lucha comenzó a intensificarse.
A comienzos de junio pasado, y después de varios meses de combate, las cortes islámicas se hicieron con el control de Mogadiscio, y comenzaron a extenderse por el centro y sur del país.
El Gobierno de transición se vio obligado a concentrarse en Baidoa, a 245 kilómetros al noroeste de la capital, y su presencia no se extiende mucho más allá, porque el país tiene dos regiones, Puntlandia y Somalilandia, donde existen gobierno autónomos.
Desde que comenzaron a extender su presencia en Mogadiscio, las cortes islámicas de Mogadiscio venían funcionando regularmente en la ciudad, aplicando la ley Sharia y, en ocasiones, con ejecuciones públicas.
Además de castigar los crímenes se encargaron de mantener el orden y resolver las disputas que surgían. También comenzaron a crear escuelas y centros de atención médica.
Esos pasos hacia la "normalización" del país se vieron frustrados cuando los milicianos se concentraron en combatir a las fuerzas del Gobierno y a las tropas etíopes que, desde julio pasado, comenzaron a llegar a Somalia, según las denuncias de las cortes islámicas.
Orgánicamente, los tribunales han creado una Unión de Cortes Islámicas que está presidida por Sheij Sharif Ahmad Sheij Mohamed.
Nació el 25 de enero de 1964 en una villa de la región somalí de Shabelle. Para cuando las cortes islámicas ocuparon Mogadiscio, Sharif estaba considerado como el clérigo más influyente de Mogadiscio.
Estudió en universidades de Sudán y Libia, y regresó al país en el año 2000. Comenzó a destacar en el barrio Si-Si, de Mogadiscio, gracias a su poder de oratoria.
Sharif sostiene que las cortes islámicas son abiertas y no tienen "lugares secretos" donde albergar supuestos miembros de esa red terrorista.
Pero cuando Efe le preguntó en una entrevista a mediados de mayo pasado si entregaría a otro país a algún fugitivo de ese grupo, respondió: "En el Islám está prohibido entregar un musulmán a otro que no sea musulmán".
Sharif evita dar el número de milicianos que han armado los tribunales islámicos. Dice que son todos somalíes, "sin vínculos con el terrorismo", y que sólo quieren defenderse de las arbitrariedades de los "señores de la guerra".
Pero el Gobierno de transición sostiene que entre las filas de los milicianos islámicos hay paquistaníes, eritreos, sudaneses, además de habitantes de la región oriental de Etiopía, de mayoría musulmana.
El 24 de junio pasado, los tribunales islámicos crearon un Consejo Supremo, con funciones parecidas a las de un Parlamento, y pusieron al frente del mismo a Sheikh Hasan Dahir Aweys, señalado por EEUU por sus presuntos vínculos con la red terrorista Al Qaeda.
El órgano presidido por Sharif quedó con funciones más ejecutivas.
Aweys está considerado como el representante del ala más radical de las cortes islámicas, mientras que Sharif defiende una línea más moderada. EFE
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