Fabián sin suerte
Fabián Azofeifa Arce es uno de los casos más patéticos de la resaca de desempleados que dejó la anterior campaña.
Delantero de apenas 23 años y una gran experiencia en los procesos de selecciones menores, Azofeifa se encuentra a la deriva, luego de ser cesado de Goicoechea.
La suerte no acompaña a este novel jugador, quien ha transitado por clubes como Saprissa, al cual pertenece, Turrialba, Pérez Zeledón y los guadalupanos, equipo con el que jugó siete partidos, anotó un gol y tuvo una asistencia.
Según expresó María de los Angeles Arce, madre del jugador, a quien fue imposible localizar ya que se encuentra en la península de Osa, hace unos días su hijo entabló conversaciones con Santa Bárbara, ascendido a la primera categoría, pero, al parecer, no hubo acuerdo.
"Luego --añadió--, él se fue 15 días a probar con Pérez Zeledón, pero la junta directiva generaleña no le ha avisado nada."
En su haber deportivo, Azofeifa cuenta con una jugosa experiencia en selecciones menores. De la mano del entrenador Juan Blanco (ahora en el Municipal de Guatemala), Fabián participó en las representaciones sub-17, sub-19 y sub-20.
Precisamente en este último plantel, el jugador formaba, junto con Wilson Muñoz, de Alajuelense, la pareja que alimentaba la delantera, integrada por Rónald Gómez, Bérnald Mullins y Alejandro Sequeira.
Con dicho grupo Azofeifa obtuvo la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, realizados en Ponce, Puerto Rico, en 1993.
Solidario en la desgracia
Los verdaderos amigos son como los frenos de un carro: solo se sabe si funcionan en las emergencias. Esta es la filosafía del arquero Miguel Segura, quien de repente quedó cesante en el Cartaginés.
"Me he caracterizado por ayudar a mucha gente ligada al futbol, y ahora que me marcho de Cartaginés no será la excepción. Viajaré a El Salvador, donde tengo buenos contactos, y trataré de colocar a compañeros cesados", afirmó Segura.
El arquero, de 34 años, recibió una oferta de Goicoechea, pero lo ofrecido no llenó sus expectativas salariales, por lo que la rechazó.
"Mi intención es colocarme en ese país, de donde tengo algunas ofertas, pero mi meta es buscarle equipo a mis excompañeros de Cartaginés", afirmó.
Cuando se le consultó a quiénes ayudará, mencionó los nombres de Carlos Pancita Rodríguez, Vernan Mesén y el brasileño Alfredo Alves.
"El Dragón esta interesado en mi regreso y, cuando llegue a San Salvador, trataré de ubicarlos, ya sea en ese plantel o en cualquier otro. Estoy seguro de que tendrán acogida, pues todos son buenos jugadores".
Conocido en el ambiente deportivo como Manguera, Segura ya militó en el futbol cuzcatleco, donde tuvo buena cartelera. En 1993 actuó con el Dragón, y en 1995 con el Municipal Limeño.
En Costa Rica prestó sus servicios a Sagrada Familia, Palmares, Saprissa, Limón, Turrialba y Cartaginés. "Sé que me quedan dos años más en el futbol y quiero garantizarme el futuro, pero también deseo ayudar a mis compañeros."
Segura rememoró su anterior paso por El Salvador. "Allá estaba bien parado y podía seguir, pero la enfermedad de un pariente cercano me obligó a regresar."
"Eso fue lo peor que pude hacer en mi carrera. Tengo las puertas abiertas para volver y sería ingrato no tender la mano a los amigos", concluyó.
Capataz al garete
--Enrique, ¿por qué te botaron de Cartaginés?
--Por decisión técnica. Me informaron que el entrenador (Juan Luis Hernández) no iba a utilizarme más.
--Y a usted, ¿lo deja conforme ese argumento?
--¡Qué puedo decir! Esa sería la única razón. Por bajo rendimiento, no creo porque yo estuve en Cartaginés cuatro años y siempre les cumplí. Tengo mi conciencia tranquila.
--¿Cómo eran sus relaciones con el español?
--Las normales entre un técnico y un jugador. El daba las instrucciones y yo las cumplía. Nada más. No éramos ni somos amigos.
--¿Por qué desapareció de la alineación de Cartaginés en los últimos juegos?
--Por decisión de Juan Luis. Dejé de actuar tras aquel partido de noche, ante Herediano, cuando perdimos 2-0. Juan Luis me dijo que había incurrido en un error al darle la espalda a una jugada. Después de ahí no aparecí más.
--¿Habló Juan Luis con usted?
--No. El que me dio la carta fue Américo Bravo, gerente deportivo. Por cierto, la decisión de excluirme del equipo la habían tomado el 1 de julio, de acuerdo con la carta, pero a mí no me avisaron hasta el 10 de julio. Debieron habérmelo dicho antes.
--¿Qué hará ahora que forma parte de los desempleados del futbol?
--Voy a estudiar. Estoy por reanudar mis estudios de bachillerato. En un mes espero resolver mi futuro. Si no vuelvo al futbol, me ganaré la vida trabajando en cualquier cosa. Todo trabajo honra y enaltece.
--¿Le han hablado de algún equipo?
--No, de ninguno. Yo estoy tranquilo aquí en Turrialba. Quizá me ayude el hecho de que soy soltero y no tengo grandes obligaciones. Pienso que a los colegas con familia estar sin equipo sí los afecta mucho.
La vida continúa
Como todos ustedes sabrán, ya no formo parte de Saprissa, equipo al que llegué en 1993. Cuando supe que no seguiría con el subcampeón, no me alarmé.
En realidad, me sentí muy tranquilo y decidí tomar vacaciones con lo más importante que hay mi vida: mi familia.
Inmerso en este mundo del futbol, uno se olvida muchas veces de los seres queridos, y eso de jugar domingo, miércoles, domingo nos hace perder la perspectiva.
No sé si me enrolaré en algún equipo, pues tengo algunas posibilidades, pero de momento prefiero dedicar toda esta semana a mi familia.
Por eso, durante estos días no tendrá tiempo más que para mi esposa, María del Carmen Quesada, y mis hijos, Ricardo Francisco (12 años) y Marilaura (9 años).
Máxime que María del Carmen tiene seis meses de embarazo, y pronto seré padre de nuevo. La idea es estar con ella en todo momento.
Estar sin equipo es manejable. Uno debe aprovechar para replantearse muchas cosas, para meditar acerca de lo que ha hecho y lo que falta por hacer.
Por eso, a mis colegas que están, al igual que yo, desempleados, les quiero dar un consejo: El futbol es importante, pero NO LO MAS importante en nuestras existencias.
La vida no se acaba porque no conseguimos trabajo en este deporte; al contrario, aseguro que más bien es la posibilidad de emprender una nueva vida, con otra forma de producir un bien que sea socialmente útil.
Compañeros, no nos acongojemos. Este es el mensaje de un defensa de 34 años.
(Esta nota fue escrita por Edwin Salazar, quien fue cesado por Saprissa)