
“Un día de suerte”
“Aquel primer lunes de marzo de 1967, alegre y de la mano de mi padre Francisco Protti –qdDg– me dirigía emocionada a mi querida Escuela Laboratorio, de la Escuela Normal de Costa Rica, en Heredia; como no había acera caminábamos por la calle y unos 100 metros antes de llegar encontré sorprendida un reluciente billete azul de ¢10 y se lo entregué a mi padre (toda una fortuna en aquellos días). Esa historia todavía la recuerdo con cariño y la considero un buen augurio de lo que sería mi feliz vida como estudiante”.
“Un buen susto”
“El primer lunes de marzo de 1949, ingresé a la escuela República de Guatemala, en Alajuela. A las 6:45 a.m., ya me encontraba con mi mamá esperando entrar por primera vez a un aula de enseñanza. En aquel tiempo en Alajuela se celebraba todos los lunes la Feria del Ganado, y los corrales estaban donde se encuentra hoy el Instituto de Alajuela. La calle ancha, detrás de la escuela, era la pasada de las reses en su tránsito hacia la feria. Ese día se escapó un toro bravo del grupo, se brincó la cerca de la escuela, provocando pánico entre los niños, padres y personal del centro educativo. Los arrieros lo soguearon, pero ya todos se habían metido en la escuela de un solo golpe, para protegerse”.
“De las orejas”
“Con mucha ilusión y alegría me presenté a mi primera lección en el primer grado B de la Escuela Antonio José de Sucre, allá por 1977. Mi maestra, la niña Mayra –de la cual tristemente no tengo gratos recuerdos–, nos recibió efusivamente con la escritura de nuestra primera letra, la ‘a’. Grande fue mi desesperación al ver que mis padres me observaban desde la ventana, se derramó la merienda en mi ‘bulto’ y, como si fuera poco, empecé a escribir en el cuaderno al revés. Llorando y completamente frustrado decidí nunca volver más a la escuela, hasta que mi madre muy enojada me llevó nuevamente, de las orejas, hasta mi pupitre”.