El amito, el alba, el cíngulo, la estola, la casulla, la mitra. Para la mayoría de nosotros estos nombres son desconocidos, pero para los religiosos de la Iglesia Católica son, no el pan, pero sí la ropa de cada día.
Los atuendos con que visten los sacerdotes y con que nosotros los vemos en el altar celebrando misa o algún otro acto litúrgico, reciben el nombre de ornamentos.
Según el padre Bernardo Mora, de la Catedral Metropolitana, los ornamentos tienen sus orígenes en períodos muy antiguos de la historia, en la época de los romanos. "Son vestimentas antiquísimas que utilizaba la gente común y corriente, pero con el tiempo su uso se limitó a actos litúrgicos", afirma.
En nuestro país hay una única tienda que vende exclusivamente ornamentos y otros artículos que los sacerdotes utilizan para realizar las misas. Se llama Uniclero y tiene más de 30 años de abrir sus puertas a religiosos de todo el país. En ese lugar se distribuyen las prendas que confeccionan algunas monjas y costureras dedicadas a esta labor.
En nuestro país hay varias órdenes de hermanas que destinan parte de su tiempo a esta actividad. Entre ellas están la Orden de Las Hermanas Contemplativas del Monasterio de Santa Escolástica, las Hermanas de La Cruz, las Carmelitas Descalzas, las Hermanas del Buen Pastor y las Hermanas Clarisas. Muchas de estas religiosas hacen este trabajo como parte de sus votos de clausura, por lo que es difícil tener un contacto con ellas. Aún así, logramos conversar con algunas para conocer acerca de esta actividad.
Trabajo silencioso
"Aquí solo dos hacemos ornamentos. Cortamos, dibujamos, bordamos y armamos las prendas. Hacemos todo el proceso pero trabajamos solo por encargo, porque no damos a basto", explica la hermana Magdalena, quien coordina las labores de costura en la orden de las Hermanas del Buen Pastor.
Según ella, hacen "lo poquito que se puede".
Sor María del Carmen, del Monasterio de Santa Escolástica, explica que son cuatro monjas las que trabajan en un taller haciendo los ornamentos. Ellas también producen por encargo. "No se hacen grandes cantidades porque los sacerdotes no están cambiando constantemente de ornamentos. Si se los cuida bien, pueden durar varios años", explica.
Por su parte, Teresa Jiménez es costurera desde hace muchos años y trabaja en su hogar. Desde hace 13 se dedica únicamente a confeccionar ornamentos. "El trabajo lo hago por pedidos, dependiendo de lo que requiera la tienda (Uniclero). Sé que mis ornamentos los utilizan sacerdotes de todo el país, pero también sé que algunos se han enviado al exterior. Por ejemplo, acabo de terminar un mantel mariano que me pidieron para llevarlo a España como un regalo", comenta.
El tiempo de elaboración de cada uno de los ornamentos varía dependiendo del tamaño y del bordado que se le quiera hacer, pero usualmente es un trabajo de varios días. "A veces se dura hasta 10 horas haciendo solo el dibujo que se va a bordar", explica Jiménez.
Los materiales que ellas utilizan, tanto las telas como los hilos, se adquieren en el país, sin embargo, algunas cosas se traen del exterior. Por ejemplo, para la elaboración de las mitras una especie de sombrero alto y puntiagudo que distingue a los obispos de los sacerdotes se utilizan materiales especiales. Es por eso que para ciertas ocasiones o en el caso de ciertos religiosos, se prefiere traer los artículos del exterior.
"La tela o los ornamentos para los obispos normalmente se traen de Roma o de Francia, donde hay tiendas especializadas", explicó el padre Bernardo.
Los precios nacionales varían dependiendo del grado de elaboración de cada una de las prendas. Un alba, la parte blanca que los sacerdotes se colocan de primero, puede costar de ¢7.000 a ¢25.000. Las casullas una especie de capa se pueden conseguir a precios que van desde ¢17.000 hasta ¢100.000.
Muchos scerdotes deben hacer grandes esfuerzos económicos para adquirir los ornamentos, cuyo uso es estándar en todo el mundo. Sin embargo, son estas prendas las que los identifican y les dan esa distinción especial de hombres consagrados a Dios.
Pieza por pieza
Estas son las diferentes partes de las vestimentas que deben utilizar los sacerdotes para realizar los actos litúrgicos:
Amito: es una especie de mantel o paño pequeño que se pone sobre los hombros y que se utiliza sobre la camisa para retener el sudor.
Alba: es como una bata blanca (de ahí su nombre) que significa pureza.
Cíngulo: Un cordón o hilo de nylon que se amarra alrededor del alba para ceñirla al cuerpo. Hace referencia a las vestiduras de los pastores en Israel, y es símbolo de castidad.
Casulla: Es la parte externa, una especie de capa de color que se coloca por encima del alba. Tiene una parte que se llama galeón y que va bordada con diferentes diseños.
Estola: Se coloca sobre los hombros encima de la casulla y es señal de la autoridad que delegó Jesús en sus apóstoles.
De formas y colores
Los colores y diseños, tanto de la casulla como de la estola, dependen del tiempo litúrgico en que nos encontremos.
Verde: se utiliza durante el tiempo ordinario, tiempo de espera.
Rojo: es para la celebración de Pentecostés, Viernes Santo y fiestas de los mártires. Representa el fuego y la sangre.
Blanco: es para Navidad y Pascua.
Morado: símbolo de penitencia, se usa en tiempo de Adviento y Cuaresma. También se puede usar el dorado, que suple cualquiera de los colores anteriores.
Negro: algunos sacerdotes lo utilizan para los funerales.
Rosado: se usa solo en dos fechas al año: el cuarto domingo de Cuaresma y el tercer domingo de Adviento. Representa júbilo.
Fuente : Padre Bernardo Mora, Jesús Granados, asistente de la parroquia de San Miguel de Escazú; sacerdote Ignacio Gamboa y Félix León, administrador y dependiente de tienda Uniclero, respectivamente.