San Antonio de Belén. Rígido y táctico: bajo la sombra del banquillo el juego durmió y despertó, hasta que el azar eligió su destino.
El espectáculo se movió entre el vacío, la negación y la ausencia.
Belén y la Liga salieron a cuidar su valla y dejaron para el después al gol, que le da emoción y jerarquía al futbol.
Sólidos en la zaga, sin claridad en el mediocampo y deficitarios en el ataque. En ese ir y venir se entretuvieron y enredaron los actores.
Encuentro de media tabla. De una zona media sobrepoblada, de abundantes obreros y contados creadores.
A la luz del aficionado, el partido pareció gris, para los técnicos, que lo miran con otro prisma, el ocaso solo fue sugerencia.
"Para mí estuvo perfecto", dijo Manuel Keosseian. "Perdimos por un solo error", replicó Carlos Santana.
El partido resultó a imagen y semejanza de lo planeado por los técnicos. Los futbolistas tradujeron con extrema fidelidad las indicaciones, y cuando al balompié se le castra la improvisación, el campo parece un juego de autómatas.
La Liga sumó y subió a la cúspide. Ahora se codea con el líder --Saprissa--, pero el 1 a 0 dejó grietas para la tertulia y el café de la tarde.
Ayer privilegió la actitud gendarme y el pase largo para Mullins y un Miso inspirado. Archivó el toque y Wílmer, su arquitecto, apenas insinuó destellos de su caudal.
En casa y amparado en el menor riesgo, Belén mostró simpatías con el marcador en blanco y cuando sufrió la traición del azar, el retorno a la tranquilidad era utopía. Disfrutó de 78 minutos para evitar el gol, obra de Ríchard Smith.
Dos equipos que se prodigaron respeto. Que se perdieron, por momentos, en los yerros continuos en la entrega de la pelota y que jamás renunciaron al principio inflexible del esquema, que programa y coarta la creatividad.
Cautela
Sin laterales y con hombres de oficio en la zaga. El mensaje rojinegro en ningún momento se presentó confuso: quería eliminar las sorpresas enemigas por los costados. En la medular Nahamán, Guillén y el propio Wílmer debían pelear por la recuperación, después era permitido la pelota larga...para los que arriba corren. ¿Puntos o espectáculo? ¿Valen los reproches del que paga cuando su equipo gana?
La ausencia de volantes-laterales en el adversario sorprendió a los anfitriones y a partir de la confusión inicial el mundo se les empezó a caer por migajas.
Belén no tuvo una propuesta alternativa y Gílbert Solano se cansó de esperar el pase idóneo para arriesgar todo en lo alto, o en el uno a uno.
Juego hermético, de filosofía cuadrada, de cautelas excesivas en una tarde dorada que invitaba a la imaginación y a la magia.