DE UNA U OTRA FORMA, todos metieron mano. Dialoguemos, el último trabajo del cantante Arnoldo Castillo, es el fruto de muchos aportes, desde la Luna liberiana del compositor Jesús Bonilla hasta los arreglos musicales de Fidel Gamboa, quien es además el otro productor del disco.
Sin embargo, la verdadera novedad de Dialoguemos no es que Castillo haya reunido a conocidos músicos y compositores costarricenses, sino que, tanto él como Gamboa pretendan encontrar nuevas sonoridades a canciones como Caña dulce. A lo largo del disco, algunas de las melodías más tradicionales de la música popular costarricense se fugan con músicos como los de Éditus o Swing en 4, y lo hacen con intenciones de fusión.
"En el disco hay una producción mutua. Yo aporté la parte vocal, y Fidel la parte de los arreglos instrumentales. Costa Rica está en una posición privilegiada: en ella se da una confluencia de culturas musicales, y el disco tiene de ese espíritu mestizo", explica Castillo.
Dialoguemos será presentado este fin de semana en el Teatro Nacional durante un espectáculo que ofrecerá algunas variantes con relación al disco en cuanto a músicos y repertorio. "Las cosas en vivo siempre son más espectaculares. El director artístico del recital es Luis Monge, director de Swing en 4, así que él le imprimió un carácter diferente", comenta el intérprete. "Habrá varias sorpresas: el disco tiene 10 canciones, pero voy a interpretar unas 16", añade.
Al mismo tiempo
Considerado por el crítico de música Alberto Zúñiga como un trabajo conmovedor por su estilo interpretativo y por la audacia de sus arreglos, Dialoguemos es, ante todo, un disco temático, donde todas las canciones hablan de amor, y en ese amor también está reflejado el amor a la tierra.
"Yo rescaté la música costarricense que más se adecuaba a la idea que yo tenía: algo que apelara a nuestro amor por Costa Rica, pero que al mismo tiempo fuera un disco romántico", comenta Castillo.
En su grabación, Dialoguemos contó con la participación de un nutrido grupo de músicos nacionales, como los tres de Éditus (el guitarrista Edín Solís es el arreglista de la versión de Caña dulce), el bajista Marco Navarro, el percusionista Ramses Araya y el trompetista Hernán Umaña.
Su labor consistió en revivir piezas como Eso es imposible, de Ray Tico, y Recordando mi puerto, de Orlando Zeledón, asistidos por la mano de Fidel Gamboa, quien impregnó los arreglos con un poco de jazz, tango y sabor latino.
"Este no es un disco folclórico", explica Arnoldo Castillo, quien llevaba mucho tiempo rondando el proyecto. "No quiero ni puedo ponerme el sombrero de folclorista", añade.
"Lo que me interesa es empezar a evidenciar interés por encontrar una identidad musical en el país, y soy consciente de que esto se logra con muchísimos intentos más, además de este. Pasarán muchos años para que esa identidad se encuentre: primero para que los músicos se interesen por este tipo de música, y luego por darle un carácter contemporáneo. La identidad sólo se logra con música costarricense que evidencie apego y cariño por el país", concluye.