He aquí un clásico del cine que se mantiene en la Sala Garbo, dentro de la real tradición del arte cinematográfico, ese cine hecho sin pretensiones comerciales, pensado para verse siempre, o sea, imperecedero. Hablamos del filme Andréi Rubliov (1966), dirigido por Andréi Tarkovski.
Tarkovski fue un realizador siempre en ejercicio de la más absoluta libertad creador. Esta libertad le permitió embarcarse dentro de los directores poéticos del cine. Él decía que en el cine hay dos tipos de directores, los que imitan al mundo en que viven y los que crean su propio mundo, estos son los que él denominaba los “poetas del cine”. Entre estos últimos incluía a Bresson, Mizoguchi, Bergman, Buñuel y Kurosawa, entre otros. Una lista pequeña.
Obra y público. Las obras de Tarkovski no son fácil de digerir, por que exige la participación del espectador, ya que no era de los directores que brindaba respuestas, sino que por el contrario, sus filmes son un fluir constante de interrogantes. No menos líricos son los diálogos, que generalmente son escasos, pero contundentes en sus expresiones.
Con Andréi Rubliov , precisamente con este filme, el director comienza a ser reconocido fuera de su país. La película se trata de una libre interpretación de Tarkovski sobre la vida enigmática de este pintor ruso.
En este largometraje, después de casi dos horas y media de blanco y negro, oscuros penetrantes, los dorados, los azules y los rojos de los gloriosos íconos de Rubliov llenan la pantalla, así como los caballos a la orilla de un río.