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Ellos tienen sangre envenenada y sed de amarga justicia. ¿Son héroes o villanos? Los bastardos más polémicos del cine tienen de todo un poco, pero sobre todo llevan estampada la extravagante marca del director estadounidense Quentin Tarantino.
Ayer en los cines costarricenses se estrenó la película Bastardos sin gloria , nueva joya de Tarantino. Ubicada en Francia durante la época de dominación nazi, la cinta le juega un jaque a la historia para hacer lo que muchos solo soñaron.
“Lo que más me gusta del filme es la idea de que la fuerza del cine sirva para luchar contra los nazis, y no me refiero a metafóricamente, sino de verdad”, manifestó el excéntrico Tarantino en la notas de producción del filme.
En el filme, Brad Pitt es Aldo Raine, el bastardo más pintado, pero secundado en el elenco por el actor Christoph Waltz, quien interpreta al nazi más sarcástico y repugnante de todos: el coronel Hans Landa.
Una mujer judía se sumará a la resistencia contra los nazis, Shosanna Dreyfus, papel a cargo de la actriz Melanie Laurent. Como dato clave: ella odia a Landa y sus congéneres. ¿Por qué? Es cuestión de familia, balas y mucha sangre.
Dreyfus presencia la ejecución de su familia a manos de Landa, pero, gracias a la fuerza de sus pies, lograr escapar a París, donde se forja una nueva identidad como dueña y directora de un cine.
En otro lugar de Europa, Aldo Raine organiza un grupo de soldados para tomar represalias contra los nazis. Ellos son llamados Los Bastardos, un grupo que, de manera no oficial, recibe apoyo del bando militar estadounidense.
Los objetivos de los bastardos son concretos y muy simples: acabar para siempre con la gente de Hitler. En la gran tarea, una traidora alemana, Bridget Von Hammersmark (Diane Kruger), les mostrará un camino que parece ser la trampa ideal para los alemanes.
Ahora son dos odios unidos, el de Shosanna y el de los famosos bastardos, en pos de derribar la esvástica. Sin saberlo, el destino y sus aspiraciones asesinas los reunirán en una trampa de características mortales. ¿Podrán perpetrar su añorada venganza?
Un cuento. Según Greg Nicotero, maquillador de efectos especiales de la cinta, lo sorprendente de Bastardos sin gloria es la perfección con que personajes reales se mezclan con personajes ficticios en una realidad alternativa.
“Todo se resume en la primera línea del guión: ‘Érase una vez en la Francia ocupada por los nazis.... Es un cuento de hadas, pero al estilo de Quentin”, explica Nicotero en las notas de producción de la cinta.
“Es una fábula y guía al lector por un viaje realmente único desde el primer momento”, agrega.
De lujo. Brad Pitt fue el primer actor en unirse al reparto de esta película. Su personaje es despiadado, algo necesario a la hora de liderar el singular pelotón; incluso, él es gracioso a la hora de matar y hacer sufrir. Eso suena extraño, o mejor dicho, suena a Tarantino.
“Es maravilloso. Hace tiempo que queríamos trabajar juntos y fue el guion perfecto. Sinceramente, no pensé en nadie más para el papel”, dijo Tarantino acerca de Pitt.
Sin embargo, el personaje más tarantinesco de la historia es el coronel Hans Landa, quien con una brillantez interpretativa deja pasmado a cualquiera desde el inicio. Su arrogante mirada, fina gestualidad y sarcasmo llevado a los límites de lo insoportable le valieron a Christoph Waltz el reconocimiento como mejor actor en el Festival de Cannes 2009.
Irónicamente se cuenta que Quentin Tarantino temió no encontrar al actor idóneo para el difícil y decisivo papel de Landa. Sin embargo, en una venturosa audición acabó su preocupación.
“Nada más empezar la prueba, Quentin y yo nos miramos. Leí en su mirada, y él leyó en la mía que era él. Quentin estaba preocupadísimo y, de pronto, apareció un actor capaz de trabajar en inglés, francés y alemán, y encima, hacerlo de maravilla”, dijo Lawrence Bender, el productor del filme.
Al final, Pitt y Waltz logran una tarea sobresaliente, acompañada por el trabajo no menos importante de Melanie Laurent (Shoshanna) y Diane Kruger, la traidora alemana Bridget Von Hammersmark.
Marca y origen. Bastardos sin gloria tiene su origen en la película italiana Quel maledetto treno blindato ( Aquel maldito tren blindado ), dirigida por Enzo Castellari en 1978, y que en inglés se llamó Inglorious Bastards .
“Esta película es completamente diferente, tiene toda la marca de Quentin, no es un remake ni nada parecido. Simplemente es algo que yo inspiré”, dijo impresionado Castellari, quien tiene una pequeña aparición en la película.
El rodaje de Bastardos sin gloria empezó el 9 de octubre del 2008 en la pequeña ciudad alemana de Bad Schandau, cerca de la frontera con la República Checa.
En ese escenario se aprovecharon las hermosas colinas y la topografía del terreno. Allí, el director de fotografía Robert Richardson logró construir sus mejores tomas, por lo cual será imposible no apreciar imágenes compuestas de dos, tres o cuatro elementos. Estas le dan un parecido a una pintura a escenas estáticas o apenas con un sutil movimiento.
Sin embargo, la mayoría de la película fue filmada en Berlín, Alemania, donde en un estudio se reconstruyeron la mayoría de escenas hechas en interiores, tales como el cine de Shosanna. Lo curioso es que solo una escena se graba en Francia, que es donde se desarrolla la historia.
La cinta, que en su atípica estructura muestra secuencias de hasta 25 minutos de duración, logra mantener el interés del espectador gracias a los diálogos y las situaciones de provocadora tensión.
“Cada capítulo de la película tiene algo distinto; la ambientación, las sensaciones, los tonos cambian. El principio es parecido a un espagueti western con iconografía de la II Guerra Mundial”, dijo Tarantino.
Él lo describe muy bien: al principio, la cinta esculpe con tintes tradicionales la maquiavélica estructura con la que los nazis buscaban y mataban a los judíos.
Más adelante, el filme dibuja el miedo de los nazis ante la amenaza de los bastardos, caricaturiza con gracia a sus personajes centrales y pone a rodar la máquina destructora de la conspiración.
Las últimas escenas despiertan una singular tensión, ya que el espectador quiere conocer el desenlace de una historia que le mostrará un sorpresivo y despiadado final. En ese lapso culminante, la Historia no tiene cabida, sino que gana la partida el cuento que nació en la cabeza del director.
Como en un circo, Tarantino juega y hace malabares con un duro sentimiento antinazi, el cual ha sido sembrado durante años en todo el mundo. Luego lo hace carburar al máximo, hasta convertirlo en un éxtasis desbordante.
Para el actor B.J. Novak, que interpreta a uno de los bastardos sin gloria en el filme de Tarantino, esta es una película de venganza acerca de la venganza. Su apreciación final del filme es contundente: “Las películas de Quentin siempre me han parecido románticas. Y esta es la más romántica porque el cine salva al mundo. Es una idea romántica. Romántica y brillante”, finalizó.