
Nueva York. DPA Ninguna estrella de rock logró llevar al éxtasis a tanta gente como este predicador evangelista. Tampoco hubo una figura del entretenimiento que tuviera una influencia similar en los gobernantes de Estados Unidos como el señor Billy Graham.
Desde Dwight Eisenhower, Graham fue el encargado de bendecir a todos los presidentes estadounidenses. Se ocupó de orar en las asunciones de republicanos y demócratas. George W. Bush no sería lo que es si Graham no se hubiera cruzado en su camino. Con su "última cruzada", Graham, de 86 años y visiblemente enfermo, se despidió la noche del sábado en Nueva York, definitivamente de aquel mundo.
Decenas de miles de personas se congregaron en el Corona Park de Flushing Meadows, en el barrio de Queens, para escuchar la última misa pública del predicador más exitoso desde Jesucristo, si se consideran los índices de audiencia.
Verbo mago. Para el carismático reverendo, fue la "cruzada" -como se denominan estas misas con público masivo en Estados Unidos- número 417, desde que comenzara a predicar el Evangelio ante grandes audiencias, en 1947.
En su camino, este descendiente de escoceses e irlandeses nacido el 7 de noviembre de 1918, en el seno de una familia de granjeros de la ciudad de Charlotte, Carolina del Norte, fue beneficiado por la influencia y el dinero de varios ciudadanos conservadores millonarios.
En 1949, el magnate de los medios William Randolph Hearst puso a disposición de Graham su imperio editorial. Periódicos y radioemisoras se encargaron de difundir el mensaje del predicador. Luego vinieron las transmisiones en vivo de sus conocidas "cruzadas".
Su escala más importante en su camino a convertirse en "el líder simbólico de la cristiandad evangélica de Estados Unidos", como lo calificó la revista Newsweek , fue en Nueva York, hace cinco décadas. Durante mucho tiempo había evitado recalar en la metrópolis liberal donde, al contrario que en su lugar de origen, conviven judíos, católicos, musulmanes, budistas, hindúes y ateos, entre otros.
"Ninguna otra ciudad representa un desafío tan grande para la conversión evangélica", escribió Graham en sus memorias.
Sus misas en el Madison Square Garden contaron con una producción profesional -música, canciones y demostraciones espontáneas de devoción- similar a la de los musicales de Broadway, a pocos metros de distancia de ahí.
Alguna vez dijo que todo lo auténticamente estadounidense es del agrado de Dios, pero más tarde se retractó y admitió que fue un error confundir el "reino de Dios con el estilo de vida norteamericano". Graham llevó su versión de los Mandamientos y del papel de Jesús a 180 países, donde fue visto por más de 200 millones de personas.