El 33 por ciento de los adolescentes empieza a consumir bebidas alcohólicas entre los 16 y los 18 años.
Así lo indica el último estudio sobre Alcohol y alcoholismo en la sociedad costarricense, realizado en 1995 por el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA).
La investigación --publicada en 1997-- comparó los resultados del 95 con los de 1990, y determinó que el porcentaje de muchachos que empiezan a beber licor en esas edades aumentó 2,8 por ciento.
Este aumento no responde a una sola causa; de hecho, los especialistas afirman que la unión de varias circunstancias es la que tiende a llevar a los jóvenes a beber.
La presión a la que están sometidos en el estudio, en la vida social y en el hogar son los grandes factores que inciden en la decisión de empezar a consumir bebidas alcohólicas.
La herencia genética, la baja autoestima, el no saber tomar decisiones, la desinformación y la influencia de los amigos son otras de las posibles causas específicas que identifican los expertos.
Vulnerable libertad
Las emociones que se viven en la adolescencia son mucho más fuertes que en cualquier otra etapa de la vida y los jóvenes no están listos para enfrentarlas.
"Su personalidad atraviesa por un período de formación y emocionalmente no están preparados para el cambio, lo que los hace ser vulnerables", explica Giselle Amador, especialista en adicciones del IAFA.
El sociólogo Jorge Hidalgo afirma que se ha logrado demostrar que con el desarrollo urbano aumenta la libertad individual y disminuyen las restricciones del control social.
"Si algo demostró Erick Fromm (psicoanalista estadounidense que vivió entre 1900 y 1980) es que el individuo enfrentado con la libertad se angustia y esta debe ser de alguna manera anestesiada", explicó Hidalgo.
Esta es una de las funciones del alcohol, ser un antidepresivo: "Las personas pensamos que los niños y jóvenes no se deprimen, pero sí les sucede, y el licor tiene la característica de actuar justamente en la parte del cerebro relacionada con las emociones", comenta Luis Sandí, especialista en adicciones.
Según Norbert Raven, psicólogo y experto en la prevención y tratamiento de las farmacodependencias, las presiones que viven hoy en día los muchachos, en cuanto a ser exitosos en el estudio, a encontrar un buen trabajo y ser aceptados socialmente, muchas veces es más de lo que pueden enfrentar y los hace recurrir al alcohol.
"El bajo rendimiento o la pérdida de un trabajo podría ser causa y consecuencia del consumo de licor en los jóvenes, es un círculo vicioso del cual les es difícil escapar", agrega Amador.
Otro factor que incide en la decisión de empezar a beber es la presión del grupo de amigos. El psicólogo Jorge Brenes, quien posee experiencia en la atención de adolescentes, tiene una opinión particular al respecto.
Intermediarios
"Vivimos en una cultura donde el consumo de alcohol es alto, y es una actividad aprobada por los adultos para socializar; además, es el modelo que les ofrecemos a los jóvenes", opina Brenes.
El psicólogo añade que "jugar a grandes" incluye el beber. "Los muchachos ejercen una fuerte presión sobre aquellos que no desean tomar, pero son intermediarios de un mensaje que ha creado la sociedad."
En la adolescencia, los grupos de referencia son fundamentales y tienen mucha más influencia sobre los jóvenes que la misma familia.
"No hay duda --dice Brenes--, de que tienen el poder de influir, pero lo más importante es que el origen de esa presión no la inventan ellos."
Ante la insistencia de sus amigos, algunos muchachos optan por justificar su presencia en el grupo como si fueran "redentores" que tratan de que sus compinches dejen de beber; sin embargo, Amador enfatiza en el hecho de que "no existen redentores" y más bien esa conducta podría ser prueba de su capacidad para influir.
Muchas veces, los amigos son injustificadamente culpados por la adicción de un muchacho; no obstante, Brenes afirma que acerca de este hecho existen dos mitos.
"No es cierto que la presión de grupo sea uniforme ni que todos los chiquillos presionen para que uno beba. Tampoco es cierto que fuercen a sus miembros a hacer lo que es prohibido. Los niveles de presión grupal tienen su límite y si uno no quiere beber, no va a perder su lugar".
Los expertos coinciden en que la única forma de evitar que los adolescentes beban cada vez a más temprana edad, es que aprendan a decir "no".
"Nos encantan los muchachos obedientes, que no confrontan; entonces, cuando llegan al grupo de amigos tampoco lo van a hacer", enfatiza Brenes.
Amador agrega: "además de que aprendan a decir que 'no' y sepan tomar decisiones, es importante la educación y el apoyo de la familia."