AMOR EN CARNAVAL, nadie diría que -con esos elementos- podemos estar en la antesala de la tragedia, tal y como sucede en la película brasileña Orfeu, dirigida por Carlos Diegues.
Sí, es época de carnaval en Río de Janeiro, por eso -en Orfeu- el color se mezcla con la música, amalgama de alegrías y esperanzas, cuando la gente más pobre encuentra descanso en medio de su injusta marginalidad, cuando la miseria aprende a reírse de sí misma.
Es lo que sucede en las favelas, sitios que devienen vergonzoso contraste en una sociedad que se jacta de su desarrollo, exactamente allí donde vive Orfeu (el actor Toni Garrido), joven ganador -año a año- del premio a la mejor comparsa del carnaval y responsable de una pequeña escuela de samba, orgullo del barrio de favelas en los suburbios pobres de Río.
Orfeu tiene el don mitológico de la dulzura del canto (los chicos de la barraca piensan que, gracias al canto de Orfeu, el Sol surge vivaz cada mañana). A Orfeu lo quieren todos en aquel vecindario de miserias que se descuelga hacia abajo, enhebrado por un sinnúmero de ilusiones en época de carnaval. Por eso, Orfeu tiene tanta suerte con las mujeres, aunque el amor se le agota periódicamente.
Así, hasta el día en que Orfeu conoce a Eurídice (la actriz Patricia França), exactamente en los días de carnaval, pero también cuando la policía acecha en las favelas para perseguir a las mafias locales que viven a la sombra de la pobreza ajena. De pronto, todas esas circunstancias se convierten en un solo elemento y la tragedia llega, inevitable, determinista.
Carlos Diegues, director de la película, apunta a mostrarnos -entonces- el contraste entre una historia angustiosa de amor (con la muerte en los talones) y la alegría colorista y desbordante del carnaval. Dice Diegues: "Es un amor desesperado entre Orfeu y Eurídice que causa la envidia de todos y provoca la violencia de algunos".
Hay más. Con ese relato en sus manos, la película Orfeu se permite ser el contraste dramático de la tragedia social (la pobreza como contraste), muy a tono con la constante del cine latinoamericano que nunca renuncia a ser metáfora del continente que lo nutre de historias y de energía (vocación creativa).
Con esa dureza, el realizador Carlos Diegues se decide por un estilo poético en su propuesta, aunque no siempre tiene el mejor control de los personajes. De esa manera, logra un filme muy personal basado en la obra de teatro Orfeu da Conceiçao, escrita por Vinicius de Moraes y que ya tiene un antecedente cinematográfico: Orfeo negro, de Marcel Camus.
Ahora tenemos una versión enriquecida por la música de Caetano Veloso, contrapunto y comentario de una historia naturalista (con el rigor del naturalismo literario) que conjuga amor, pasiones, celos, algarabías carnavaleras, determinismos trágicos y el rigor de la denuncia social. Orfeu es un motivo bueno para ir a la Sala Garbo.
Cómo, dónde, cuándo
Orfeu se exhibe en la Sala Garbo.
Entrada: ¢1.300.
Horario: 3, 5, 7 y 9 p. m.
Inicio: Hoy.