De pequeña, Johanna Villalobos no era la típica niña que jugaba con muñecas, o a la cocina. En su cabeza siempre tuvo claro que lo suyo era la televisión, las modelos, el maquillaje y el andar siempre bien arreglada.
Hoy, con 20 años recién cumplidos, se solaza entre risas al recordar sus obsesiones infantiles, pues más pronto de lo que pensaba su sueño de reflectores, de “luces, cámaras, acción”, se volvió realidad.
Aunque sus decires le puedan ocasionar que la tilden de frívola, ella mantiene su discurso frontal mientras la mayoría le huye a esa transparencia: le encanta sentirse bella, saberse bella, ayudarse a ser bella y, en unos años, recurrir a la ciencia para mantenerse bella. Esto, claro, sin excluir lo que puedan decir sus títulos académicos y su agudeza mental.
Hoy, reconoce que su lindura le abrió puertas pero ella se las ingenió para que su encanto fuera en “combo” y está a pocas materias de terminar su bachillerato en periodismo. Sin embargo, por ahora desarrolla su talento en el canal juvenil VM, en una propuesta light, muy acorde con el momento que vive.
“Siempre he sido muy coqueta, desde los cuatro años me sentaba de pierna cruzada y si me ensuciaba lloraba para que mi mamá me cambiara de ropa”, recuerda la muchacha, quien en persona luce mucho más novel, infantil y hasta inocente que lo que aparenta ante las cámaras.
De aquel anhelo infantil sobrevivió su pasión por la “tele”; el modelaje pasó a mejor vida cuando reconoció que, por su menuda figura, se le iba a ser difícil, aunque aclara que eso tampoco le atormenta.
A los diez años, mientras la mayoría de niñas jugaban despreocupadas, Johanna Andrea Villalobos Mora ya empezaba a acariciar su sueño de salir en televisión.
Un anuncio para una marca de chocolate colombiano fue su primer contacto con la pantalla chica y desde entonces quedó prendada con aquella suerte de hechizo que seduce a tantos, la TV.
“Cuando tenía 12 supe que quería ser periodista, porque me gusta mucho comunicar”, afirma la rubia.
Dueña de unos penetrantes ojos verdes, Johanna es, fiel a edad, una joven deseosa de comerse al mundo.
Se declara católica pero no muy practicante –“uno joven no tiene tiempo para eso” afirma– y recompone su dechado de franqueza con una enmienda a futuro: algún día, le gustaría casarse por la iglesia.
Apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo y no le ve ningún problema a las relaciones prematrimoniales, tema que con cierta frecuencia le consulta alguna televidente del canal juvenil VM, uno de sus dos trabajos actuales.
“Soy de mente muy abierta, cuando alguna chica me pide consejo, siempre les digo que como mínimo esperen a tener 18 años para tener relaciones sexuales, aunque cada cabeza es un mundo”, dice Johanna.
Su belleza física se nota al primer contacto, y este detalle parece ser recurrente en su novel carrera. Así, recuerda que en plena adolescencia y mientras llevaba el primer curso de periodismo, el entonces productor de 4 Music (canal 4 de Repretel), Daniel Sequeira, le dijo que hiciera un casting para ese programa.
“Fui y a los pocos días ya estaba contratada”, recuerda la ojiverde quien actualmente vive con su madre en San Miguel de Desamparados. Hace cinco años, ella vivió un trance difícil cuando sus padres se separaron, pero como “ya estaba grande” dice haber entendido la situación con madurez.
Hoy, su corazón está sosegado y enamorado, pues hace seis meses es novia de Edrey Esquivel, un estudiante de medicina de 21 años.
En boga
Johanna Villalobos es sin duda la rubia del momento: fotos candentes y algo atrevidas –aunque no demasiado– para la revista SoHo, y sus múltiples apariciones en las páginas de los periódicos, así lo demuestran.
Pero esta popularidad le ha traído sus bemoles, pues no se ha escapado de dimes y diretes entre algunos compañeros del canal, quienes aseguran “en off” que a ella se le subieron los humos. Sin embargo, ella lo desmiente, pues asegura que son malos entendidos y dice que prefiere concentrarse en su trabajo y su carrera.
Su frescura juvenil es aprovechada en el canal VM en donde conduce, presenta videos y atiende llamadas de lunes a viernes en horario vespertino y nocturno (ver recuadro “Sígala por VM”). Desde las cámaras de VM o a través de las ondas de la emisora Yeah! (107.5 F. M.) esta joven se abre paso en el ambiente. En medio está su deseo de pronto convertirse en una reportera de algún noticiero, porque está convencida que lo suyo es la tele y aunque “trabajo es trabajo”, se visualiza más tratando temas de actualidad nacional que de sucesos o deportes.
Johanna está por finalizar el bachiller en Periodismo (le faltan siete materias), pero le preocupa que por su juventud no la tomen en serio pues, asegura, trae el oficio en la sangre.
“En la escuela y el colegio me gustaba la oratoria, se me hace muy fácil comunicar y además, me gusta que me pongan atención”, recalca. Nadie lo duda.
Desde muy pequeña, se acostumbró a los cambios. De los once a los 16 años se fue a vivir con sus padres a Guanacaste, pues su papá era el gerente de un reconocido hotel de playa. Por eso nunca pudo estar en forma permanente en una escuela o colegio, pero ello no impidió que fuera una alumna excelente. Eso sí, insiste en que, aparejada con su disciplina, siempre estuvo su coquetería innata.
Como pasa con la mayoría de mujeres, en su bolso no puede faltar el maquillaje y otros implementos que la protejan de la sencillez, pues ella se define con la frase “antes muerta que sencilla”.
Y es que esto le viene de infancia: rememora que a los cuatro años siempre se sentaba de pierna cruzada y cargaba una cartera con un cepillo para el cabello y un brillo labial, porque –insiste– era muy vanidosa. “Con decirle que una vez en el kínder me pegaron un chicle en la ropa y me encerré en el baño a llorar hasta que llegara mi mamá a recogerme”, recuerda entre risas.
La presentadora reconoce que, con el paso de los años, lo de coqueta lejos de desaparecer más bien se ha fortalecido.
Quizá esa es la razón por la que considera que la cirugía plástica es uno de los mejores inventos contemporáneos, aunque por lo que se ve, pasarán muchas lunas antes de que ella requiera un ingreso al quirófano: aclara que está satisfecha con lo que la madre natura le dio y que por ahora no le interesa operarse los senos ni ninguna otra parte del cuerpo.
Lo que sí acepta es que si pudiera elegir, pediría ser más alta (mide 1,58 mts).
“Lo único que me acompleja es que soy muy baja, si pudiera cambiar algo, fijo sería eso”, concluye.