Con una fenomenal resistencia a los porrazos, a los golpes de un martillo y a los pastelazos de crema, las locuras de
¿Quién no suelta la carcajada cuando observa al superchiflado más famoso, Curly Howard, con sus ruidos chistosos y actitudes tontas e infantiles, como ladrando como un perro, con un “¡Ruff, ruff!” para darse valor ante un enemigo y justo antes de finalizar la escena?
Pero el carismático gordito igual desarrolló un sinfín de reacciones y expresiones célebres. “¡Nyuc! ¡Nyuc! ¡Nyuc!”, para divertirse a sí mismo; “¡Woo, woo, woo!”, cuando estaba asustado o cortejaba a una dama; “Ah-ba-ba-ba-ba!”, que utilizaba en tono alto al gritar cuando tenía sus temores o se excitaba demasiado; y “¡N’gyahh-ahhh-ahhh!”, como reacción de miedo, que fue la más usada por los otros chiflados cuando Curly se marchó del grupo por quebrantos de salud, a mediados de los años 40.
El trío chiflado tuvo su mejor época en los años 30 con Curly y lo completaban Moe Howard y Larry Fine. Pero conoció otras formaciones, primero con Ted Healy en su arranque en los 20 y luego entre los 40 y 70 incorporó a Shemp Howard –hermano de Curly y Moe–, Joe Besser, Joe
Mientras estuvieron activos con una larga permanencia de 53 años entre 1922 y 1975, la clave de su éxito se basó en un humor agresivo muy peculiar por el cual ellos optaron, que trasciende todas las fronteras y que fue revolucionario y adelantado a su época. Pocos equipos cómicos fueron tan veloces y, a la vez, efectivos como
En esto fue vital su anarquismo, comparable al de Los Hermanos Marx; luego su
“Mis recuerdos de
Desde el 5 de julio, el nostálgico canal televisivo de cable Turner Classic Movies (TCM) en Latinoamérica trajo de vuelta a la pantalla al inolvidable grupo cómico que, con sus puñetazos, piquetes de ojos, cabezazos, cachetazos, pastelazos y demás torturas, marcaron el humor del siglo XX para deleitar a sus seguidores.
Los célebres cortometrajes en blanco y negro se convirtieron en un verdadero ícono que trascendió la televisión mundial y a entusiastas generaciones, para arrancar ahora mechones de cabello a Larry y sonrisas a los espectadores del continente americano.
La historia de
Allí un funcionario de migración cambió su apellido a Horwitz, el mismo que más tarde Moe, Shemp y Curly modificarían a Howard para ajustarse a las normas y estilo del campo artístico.
En este período, la madre Jennie se convirtió en la proveedora de la familia, dado el fracaso de su esposo como vendedor de baratijas (botones, agujas y cintas). Y fue tal su éxito que llegó a ser una estrella en materia de bienes raíces.
La pareja tuvo cinco hijos, Irving, Jack, Samuel (Shemp), Harry Moses (Moe) y Jerome Lester (Curly).
La mamá soñaba en que sus hijos se convirtieran en profesionales, pero Irving se dedicó a la venta de seguros y Jack hizo lo mismo, aunque luego se hizo granjero. Sobre los dos siguientes, era evidente que Shemp y Moe tenían aptitudes para la actuación en el teatro y el cine, pese a que estudiaron plomería (Shemp) y electricidad (Moe).
Por eso, Jennie cifró las esperanzas en su retoño menor, confiando en que él si obtendría una verdadera profesión. Pero ninguno estaba más lejos de satisfacer los deseos de su madre que Curly.
De niño, Moe tuvo su primer contacto con el teatro en la escuela, cuando dirigió y protagonizó una pequeña obra.
En 1909 ingresó en el cine como recadero para los actores en las filmaciones de los estudios de Vitagraph. Quería que lo dejaran actuar y empezó a aparecer como extra en películas del cine mudo.
Shemp decidió seguir sus pasos y con Moe actuó como “Howard y Howard” en los años dorados de las comedias frívolas, ligeras y picantes. Mientras tanto, Curly incursionó en las tablas al final de la década de 1920, cuando la banda de Orville Knapp lo contrató para hacer un número gracioso al dirigir una orquesta.
En 1922, Moe se unió a su amigo de la infancia, el actor y empresario Ted Healy para actuar en Broadway. Al poco tiempo integraron a Shemp al espectáculo conocido como “Ted Healy y sus Chiflados”.
Para 1925, Healy descubrió para la primera ola chiflada a otro joven judío, Louis Feinberg, quien tocaba el violín con maestría, bailaba y contaba chistes bajo el nombre artístico de Larry Fine. Inmediatamente fue llamado para el nuevo trío cómico con Moe y Shemp, y debutar en la obra
Luego, en 1930, la compañía cinematográfica Fox –precursora de la 20th Century Fox– contrató al grupo para su primera película, la comedia
Con Shemp fuera, Moe sugirió a su hermano menor como un sustituto perfecto para el tercer chiflado, con el apodo de Curly para comedias con la Metro Goldwyn Mayer (MGM). Poco tiempo después, Healy pasó a actuar con éxito como comediante solitario en varios filmes de Broadway, por lo que Moe, Larry y Curly decidieron actuar por su propia cuenta, con el nombre definitivo y con el que serían célebres:
Por esta razón, Healy sufrió problemas emocionales y de alcoholismo que lo llevaron a una muerte prematura, a los 41 años, el 21 de diciembre de 1937.
La serie de
El tímido Curly era el centro de atracción y la estrella más popular de sus seguidores. Era un comediante con un carisma natural para las audiencias, que sabía improvisar muy bien, con actos acrobáticos, gestos y expresiones.
No tenía formación académica. Muchas veces cambiaba el libreto en rutinas habituales, que dejaban salir su genio en forma voluntaria para hacer reír.
Curly olvidaba a menudo sus líneas e improvisaba con lo que se le ocurría para no arruinar la escena. Moe pegaba en su frente letreros para que su hermano memorizara el guión en el rodaje.
De negro y tupido cabello que se dejaba caer sobre la frente, Moe reprodujo en la ficción la actitud que siempre tuvo en los juegos caseros: daba los piquetes de ojos, mataba a garrotazos a sus dos secuaces, imponía orden, se enojaba con facilidad, hacia de malo. Como director financiero se ocupaba de los contratos y velaba por todos los chiflados.
Y, de pelo largo y ensortijado, Larry (“puerco espín” para Moe) se caracterizó en la serie por su impuntualidad, ya que rara vez llegaba a filmar a tiempo o a participar de algún otro compromiso.
Por contracto, los chiflados no fueron propietarios de su obra, sino meros empleados de pago semanal, con el mismo salario por 24 años. Cada miembro hizo $20.000 anuales. Esto los obligó a actuar incansablemente hasta que las enfermedades, la vejez o la muerte los alejaron del cine, el teatro y la televisión.
De 1941 a 1945, la serie se sumó a las películas de tono propagandístico en la Segunda Guerra Mundial. Testimonio de ello fue el corto
También los cortos reflejaban la gran depresión en Estados Unidos de los años 30, cuando nadie tenía trabajo, ni hogar estable, y debían buscar un modo de vida como diera lugar, ávidos de dinero.
Cuando un derrame en 1946 alejó de la actuación a Curly (luego falleció el 18 de enero de 1952), parecía que la dinastía de las chifladuras había llegado a su final. Pero Shemp tomó su lugar ese año y participó en 77 películas cortas más, al brillar con luz propia y aportar su experiencia actoral y amplios dotes de cómico.
Pero, el 22 de noviembre de 1955, Shemp murió en forma repentina de un infarto fulminante a los 60 años mientras fumaba en un taxi. Al contrato anual le quedaban cuatro cortos por filmarse.
Ante esto, un actor secundario, Joe Palma, personificó a un falso Shemp, como su póstumo doble, cuando con peluca aparecía de lado, escondía su rostro a la cámara o añadía una breve línea de diálogo, junto con el material reciclado del verdadero Shemp. Con las muertes de Curly y Shemp, las producciones ya se mostraban en franco declive.
El estudio incorporó en enero de 1956 a Joe Besser, quien impuso un humor ingenuo y amanerado. Prueba de ello fueron sus frases: “¡Eso duele!”, “¡No tan rápido!” o “¡Eres un loco!”, para tomar represalias a los abusos de Moe.
La última etapa fue cancelada con solo 16 cortos filmados al 20 de diciembre de 1957, cuando se cerró el departamento de comedias. El terceto protagonizó 190 cortos, de 16 minutos cada uno.
Los profesionales de la “violencia simpática” restablecieron la fama desde los años 60 con la retransmisión de sus cortos en la televisión, el medio que más los dio a conocer a nuevas generaciones.
A partir de 1958 y hasta 1975,
Ya para ese tiempo, ellos aparecían en forma limitada, envejecidos ante las cámaras y poco graciosos a sus seguidores, en presentaciones en la pantalla chica y algún piloto para la televisión.
Larry sufrió en 1970 un ataque que le paralizó medio cuerpo y le impidió seguir en el grupo. En su reemplazo, Moe le pidió en 1971 a Emil Sitka –viejo actor que había actuado en la serie–, para que se incorporara al equipo con el nombre de Harry, para filmar un largometraje.
Todo quedó en fotos de publicidad, ya que semanas más tarde le comunicarían que Moe había muerto de cáncer de pulmón, a los 77 años, el 4 de mayo de 1975. Meses antes, Larry falleció en la miseria y recluido en un asilo, tras sufrir ataques al corazón y una hemorragia cerebral; tenía 72 años, el 24 de enero de 1975. El final de dos leyendas, genios del humor.
Joe Besser dejó de existir 13 años más tarde de otro infarto con 80 años, el 1º de marzo de 1988;
Pese al final del grupo, el humor de
El éxito multiplicó el valor de cada minuto grabado por ellos y ya hay 57 locales dedicados al trío, con películas, series de televisión, 31 libros, tiras cómicas, discos musicales, programas de radio, DVD y hasta vídeo juegos.
El 20 de agosto de 1983, se hizo justicia por fin y los comediantes recibieron su estrella en el Camino de la Fama de Hollywood, en Los Ángeles, California.
Una película para la televisión,
Otro filme para el cine también titulado
Lo que sí existen son dos museos grandes, uno llamado Stoogeum, abierto en el 2004 y al que lo visitan 2.500 personas al año en Pensilvania; y otro en Latinoamérica desde el 10 de abril pasado, El Chifladoseo en Buenos Aires, Argentina, con más de 1.700 objetos exhibidos.
En conclusión,