Más allá desafiar los rígidos convencionalismos del planeta, Camilla Parker Bowles, prometida del príncipe Carlos de Inglaterra, se ha convertido en todo un acertijo.
La paciencia y la perseverancia han sido, sin duda, dos de sus virtudes aliadas en esta accidentada epopeya de amor, en la que ha debido enfrentarse a las críticas más ácidas y a la eterna comparación con Diana Spencer, casi convertida en mártir tras su muerte.
Se dice que el tiempo todo lo cambia, el tiempo todo lo cura. Pero han pasado más de tres décadas desde que la boda de cuento de hadas de Carlos y Lady Di le dio la vuelta al mundo y aún miles se siguen preguntando cómo Camilla se las ingenió para superar a Diana en todo... incluso, en la línea de la vida.
"Colmillo" real. Por años, la prensa del corazón se ha dado suculentos banquetes con las historias de amores y desamores del heredero del trono británico.
Por ende, la vida, milagros y pecados de Camilla Rosemary Shand han ido trascendiendo en pincelazos biográficos que incluyen desde la edad a la que perdió la virginidad hasta sus conversaciones íntimas con el Príncipe, las que, en su momento, provocaron un "CamillaGate" por cuenta de su calibre erótico.
La semana pasada, con el anuncio del matrimonio civil entre Carlos y Camilla el próximo 8 de abril, los diarios de todo el mundo depuraron todavía más el perfil de quien será la "princesa consorte" cuando su futuro marido reemplace a su madre, la reina Isabel II, en el trono.
Tataranieta de Alice Keppel -la amante del rey Eduardo VII, el tatarabuelo de Carlos- Camilla utilizó esta información para abordar al príncipe Carlos el día en que se conocieron, allá por los años 70. Le preguntó si no le "tentaría" repetir la vieja historia familiar.
Según el diario español ABC, Camilla es una heredera legítima de su antepasada, descrita por la historiadora Victoria Glendinning como una persona con una "moral sexual igula a la de una gata callejera".
Ciertamente, la ardiente química sexual entre la futura pareja de esposos quedó en evidencia, por ejemplo, cuando trascendió que Carlos le confesó el deseo de "ser su Tampax" para estar siempre dentro de ella.
Pero la mayoría de los críticos han coincidido en que fueron otras cualidades de Camilla las que atraparon la atención de un reprimido Carlos desde el día en que la conoció: aristócrata, con increíble sentido del humor, inteligente y desprejuicida.
"Cierto, nunca podrá igualar el charm (encanto) de la princesa de Gales. Pero un príncipe que no recibió cariño de sus padres, en una familia disfuncional y sin grandes afectos, distante y autodestructivo, encontró en la rubia Camilla un amor, una confidente y su mejor asesora", analizó María Laura Avignolo, corresponsal del diario argentino Clarín en Europa.
Una reconstrucción de los inicios de esa historia de amor, publicada el domingo en la revista española Crónica, asegura que fue Lucía Santa Cruz, elegante hija del embajador de Chile en Londres, quien presentó a la pareja durante un juego de polo en una tarde lluviosa.
"He encontrado la chica perfecta para usted", le habría dicho Santa Cruz a Carlos. Jamás imaginó lo proféticas que serían sus palabras. Aquel día, Camilla iba vestida con unas botas wellington y un burberry, tipo de vestimenta informal de la clase privilegiada. Tenía 23 años, uno más que Carlos; se sentía segura de su posición social y del poder que ejercía sobre los hombres.
A esa edad -afirma Crónica- Camilla ya tenía amplia experiencia en romances tórridos.
A los 18 años, perdió la virginidad con un exalumno de la exclusiva universidad de Eton.
Apenas a los 20 conoció a Andrew Parker-Bowles, un oficial de caballería con quien estableció un noviazgo formal y en cuyo apartamento de Portobello Road dormía con frecuencia.
Pronto Camilla se percató de que Andrew no era precisamente un santo. De hecho, en los círculos aristocráticos empezó a cosechar fama de infiel y de don Juan.
Cuando ella conoció a Carlos, atravesaba por fuertes altibajos en su relación. Sin embargo, confiada en que el matrimonio lo calmaría, se casó con él en 1973.
Con Carlos, compartió afinidades desde el principio: a ambos les encantaba la caza, la pintura en acuarela y hasta un programa cómico de radio que se llamaba The Goons (Los imbéciles).
Años después, cuando el amor entre ellos se interpuso definitivamente en el matrimonio de Carlos y Diana, trascendió que cuando el Príncipe supo que ella se había casado, escribió con tristeza en su diario: "¡Qué relación tan maravillosa, apacible y satisfactoria...! Supongo que el sentimiento de vacío terminará por desaparecer"..
Pero estaba equivocado. La relación siguió a tal punto que pasó la noche antes de su boda con Diana en los brazos de Camilla. También se sabe que llevó una foto de ella a su luna de miel.
Hoy, tras haber superado todo tipo de escollos, escándalos y humillaciones públicas, Camilla, de 57 años, y Carlos, de 56, parecen estar por fin en la recta final hacia el sello de un amor que empezó hace casi 35 años. Le guste al mundo... o no.