La fachada simboliza una expresión del contenido de los edificios, que trasciende más allá de su función puramente separadora entre dos ambientes, el interior de la vivienda y el exterior de la calle.
La fachada pertenece así a la ciudad, a los vecinos y, por supuesto, a los habitantes de la casa. Por ello, el compromiso de un correcto diseño, acorde con los requerimientos familiares es básico para logar una fachada balanceada.
Tal y como explica Eugenia Méndez, de Arquitectos y Asociados, la fachada es ese elemento que da personalidad a la vivienda y que jamás puede estar divorciada del diseño general y la distribución de planta de la casa.
Desde la elaboración del anteproyecto se deben establecer los volúmenes, y las líneas que darán forma a la fachada de la casa, explica, pues estos serán la base sobre la que luego los acabados maquillarán el rostro de la casa.
Su diseño
Y es que, cuando se plantea el diseño total de la vivienda, las fachadas ocupan capítulo aparte. En su concepción juegan elementos claves como son el entorno y los materiales en los cuales se hará. De acuerdo con Méndez, en cuanto al entorno, es un hecho que la fachada de una obra se identifica con el lote sobre el que se levantará, su ubicación y el entorno circundante a este.
Por esta razón, al diseñar se debe tener en cuenta la orientación del lote, la existencia o no de vistas, las dimensiones de los retiros, etc.
Sobre su forma, volumen, estructura y estilo la recomendación de Méndez es preferir diseños sobrios, de líneas limpias y armoniosas. Igualmente, siempre será acertado evitar la mezclas de estilos arquitectónicos que puedan restarle armonía al conjunto de la fachada.
En cuanto a materiales, hay que tener en cuenta que la fachada sirve de soporte a elementos ornamentales, aisla térmica y acústicamente el ambiente interior y regula el intercambio de luz natural y ventilación, gracias a sus ventanas y mecanismos de oscurecimiento.
Al situarse al exterior debe además ser impermeable, evitando filtraciones de agua que provocan humedades en el interior de las viviendas y de los muros.
Muros de carga
En la construcción tradicional, las fachadas suelen ser muros de carga que soportan los forjados interiores, las cubiertas, los balcones y las terrazas. Estos muros, por razones meramente estructurales, se realizan con un importante grosor que aporta una cierta estabilidad térmica y un incontestable aislamiento acústico.
Al exterior, sobre los muros, por lo general, se dispone de una capa de revestimiento: pintura, estuco, ladrillo o piedra, habitualmente pegados con morteros.
En la actualidad el mercado ofrece una gran variedad de productos de acabado donde el color y las texturas cobran importancia y dan mucha vida a las paredes.
En este sentido, la labor del director de la obra es mantenerse al día en cuanto a los materiales de reciente salida al mercado, así como de sus formas de empleo.
Mantenimiento
Como el resto del edificio, la fachada merece cuidado y mantenimiento y un cierto respeto hacia su aspecto original.
La alteración de su aspecto, sin la menor reflexión, daña su imagen y por extensión la del propio barrio. En consecuencia, los cuidados con su aspecto deben ser periódicos, tanto para mantener su imagen como para evitar accidentes con desprendimientos de materiales.
Los desprendimientos en las fachadas suponen un gran peligro, ya que, a menudo, ocurren inesperadamente. En este sentido, resulta de gran importancia comprobar que la totalidad de los elementos ornamentales y funcionales que se fijen a la fachada están firmemente aferrados a ella, ya que resulta habitual que, con el paso del tiempo, los anclajes y los elementos de cerrajería metálica muestren cierto deterioro debido a la oxidación y no resistan convenientemente.
Por otro lado, muchos de los revestimientos de fachada pierden su adherencia al soporte desmoronándose. A menudo, la humedad suele ser la causa más probable de este hecho, por ello, deben comprobarse los posibles despegues de capas de revestimiento.
La pintura, por su parte si no es la adecuada tenderá a perder brillo, mancharse o simplemente desprenderse, por lo que hay que asegurarse de utilizar la indicada para espacios exteriores.