Parece que hoy en día todas la plagas vienen del Asia.
Mientras los adultos lidian con la tormenta financiera que estalló en Hong Kong sacudiendo las bolsas y catapultando las tasas de interés en América Latina, los niños de la región pierden el sueño y el rendimiento escolar por culpa de un juguetito inventado en Japón.
El Tamagotchi, una pequeña "mascota electrónica", no es el inocente juguetito que aparenta ser, al menos en opinión de muchos padres, maestros y autoridades escolares.
En escuelas de varios países, incluyendo Chile, Colombia y Argentina, se ha prohibido a los niños portar Tamagotchis. Este juguete consiste en una mascota a la que hay que cuidar, alimentar, dar medicina cuando se enferma, limpiar cuando ensucia, ayudar a estudiar y entretener cuando está aburrida.
Si bien la idea de una mascota virtual que no ocupa lugar ni ensucia la casa parecía plausible, el diminuto bichito es capaz de "despertarse" haciendo sonar una alarma en medio de la noche, o "llorar" pidiendo comida en plena clase.
Tristeza real
Para colmo de males, los psicólogos se quejan de que los niños viven un verdadero duelo cuando su mascotita -que puede ser un perrito, un pajarito, un dinosaurio...-, muere por cuidados inadecuados o insuficientes.
De poco sirve para algunos niños saber que una nueva mascotita "nacerá" de un huevo virtual cuando esta muera.
"Es cruel darles a los niños la responsabilidad de la vida o la muerte de un animal que, si bien es virtual, para ellos es tan real como el pis de las muñecas o las trompadas que reciben los héroes de los videojuegos", manifestó recientemente al diario Clarín de Buenos Aires la psicóloga Julieta Berdero.
Y a muerte virtual, cementerio virtual: Internet está plagada de sitios donde niños de todo el mundo sepultan a sus mascotas electrónicas y les dedican conmovedores epitafios.
Atendiendo a los numerosos reclamos de padres, educadores y psicólogos, las nuevas versiones hacen que las mascotas "vuelvan a su planeta" en lugar de morir.
Rendimiento escolar
En las escuelas en las que no se los ha prohibido, la preocupación es mucha, y los maestros tienen diferentes sistemas para lidiar con el problema de niños que irrumpen en llanto en plena clase porque su animalito se murió o simplemente están demasiado ocupados para prestar atención a la lección porque están bañándolo o dándole de comer.
Eso, sin contar los casos en los que los alumnos llegan con sueño porque debieron cuidar a su Tamagotchi en la noche.
En algunas escuelas los recogen a la entrada. En otras, son los maestros los que se ocupan de juntarlos antes de que comience la clase y devolverlos cuando termina.
Claro que hecha la ley, hecha la trampa. "Uno los lleva escondidos, porque si la maestra nos descubre más de una vez con él, nos lo quita", explica Carlos Neves, un alumno caraqueño de 10 años.
En Buenos Aires, Guillermo, de 11, dice que él y sus compañeritos burlan a los maestros bajándole el volumen al Tamagotchi para que no se escuche cuando suenan las alarmas.
Esa audacia también tiene su lado flaco. "Si uno no escucha el pito, el bicho corre el riesgo de morir", explica.
Pero también "a muchos padres de familia nos tocó asumir el cuidado de esos animalitos", afirmó, en Bogotá, Rosángela Monsalve, cuya hija de siete años se volvió Tamagotchi-adicta. "Unos los cuidamos en la casa y otros en la oficina".
Pero tal vez el colmo se dio en la Universidad Iberoamericana de México, donde los estudiantes quedaron atónitos al ver cómo su profesor de Ciencias de la Comunicación interrumpía la cátedra para atender diligentemente las necesidades de su Tamagotchi.