3 octubre, 2010
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Seguramente don Joaquín García Monge († 1958) se hubiese complacido de saber que Hugo Díaz obtuvo en 1976 el Premio Nacional de Periodismo que lleva el nombre de don Joaquín. “Por su constante labor divulgativa y por haber señalado con agudo sentido crítico y con destacada habilidad gráfica las características más significativas del vivir costarricense”, razonó el jurado.

Entonces, Hugo Díaz Jiménez (1930-2001) publicaba dibujos en los semanarios Universidad y Pueblo , en el diario La República y en la revista Gentes y Paisajes , apelando a una gama de seudónimos para dar un dibujante “exclusivo” a cada publicación: Díaz, Pancho y Lalo.

Galardones. Su labor fue destacada desde ese galardón nacional y ratificada en el año 2000 con el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez, la más importante distinción en este ámbito: “Mezcla extraordinaria de comunicador, artista, conocedor de la realidad nacional e internacional, observador profundo y creador, Hugo Díaz se ha convertido en un verdadero notario del acontecer costarricense en las últimas décadas ”, reza el acta que distinguió una labor de más de cuatro decenios en la prensa.

En sus años colegiales, Díaz fue discípulo de Francisco Amighetti y Juan Manuel Sánchez. Desde niño había recibido la influencia de su tío político, Noé Solano, en el enfoque de la caricatura periodística.

“La caricatura no debe estar ajena a lo que sucede en el país”, solía decir don Hugo y agregaba: “No puede hacerse buena caricatura si no se hace buen dibujo”.

Merecedor de tres de los más altos galardones nacionales, Hugo Díaz también recibió el Premio Aquileo J. Echeverría en Artes Plásticas, en la rama de caricatura, en 1996. Sus reconocimientos lo honran como artista y periodista y, en él, al gremio de humoristas gráficos del país.

En 1970, el primer premio en el Salón Anual de Caricatura Noé Solano le permitió iniciar una labor continua y definir un estilo.

En ese tiempo era desconocido como caricaturista –contaba Díaz– porque la apatía de la prensa hacia la producción criolla lo había relegado al dibujo de ingeniería, publicidad y cartografía.

No obstante, a sus catorce años, Díaz ya había publicado sus primeras caricaturas en Vértice , el periódico estudiantil del Liceo de Costa Rica, y en el Diario de Costa Rica ; también en La República entre 1952 y 1954.

Símbolos patrios. Los símbolos y héroes nacionales recorren su obra. En ella están presentes la Madre patria, Juan Santamaría y el fuego regenerador de su tea, el Monumento Nacional, la sabiduría popular, las tradiciones, los mitos, etc. Así, su personaje, el Campesino (el labriego sencillo del Himno Nacional ) es el representante del pueblo, el defensor de la patria.

Con su representación de la patria, Hugo Díaz alude a la pintura La Libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix (1830), un icono de la Revolución Francesa.

No obstante, la fisonomía campesina e infantil y el cuerpo regordete de la joven del dibujo no representan la belleza de la alegoría del artista francés, sino la madre nutricia con sus virtudes y defectos. El laurel que la corona es símbolo de triunfo y gloria en la cultura grecorromana.

“Cuando alguno pretenda tu gloria manchar / verás a tu pueblo valiente y viril”. Así, Díaz traza las heridas en el alma de la patria como manchas sobre su túnica: blanca por el arraigado racismo. “Es blanca, pero es una mancha”, exclama, preocupada, y es negra por el mito de la Costa Rica pacífica, respetuosa de los derechos humanos: “Pero ¿por qué esta mancha en mi túnica?”. El Campesino responde: “Eso es lo que debe averiguar. ¿Por qué?”. Los emblemas patrios remiten a nuestra autoimagen.

“Debo reconocer que mucho de mi mundo cambia: se ha perdido. El campesino con sombrero de lona ya casi no existe, aunque las angustias son las mismas”, se lamentó Hugo Díaz en 1994.

En ese proceso de reconstrucción de la identidad, Díaz registró una Costa Rica diversa y múltiple.

En su producción tienen un sitio especial la niñez, la gente sencilla –no solo el campesino– y el ama de casa. En 1995, Díaz recibió el Premio Trayectoria por los Niños, del UNICEF, que además reconoció su labor como ilustrador infantil.

Sus dibujos del libro Cocorí han recorrido el mundo en la emisión de estampillas que circuló en el 2003, y en el 2008 como tarjetas telefónicas.

Lo político y lo social son los ejes de su obra. Buen fisonomista, uno de sus personajes favoritos fue el expresidente José Figueres Ferrer. Sus múltiples facetas quedan registradas en caricaturas de los años 70 y 80, compiladas en la exposición José Figueres en la pluma de Hugo Díaz (1991).

Su arte es llano y claro: la caricatura es un “arma para sacudir a la gente”, afirmaba el maestro. Hacer reír, pero provocando la reflexión; por ello buscaba ser entendido por todos.

Estampas costumbristas. Su trabajo sobre el terruño y la idiosincrasia tica quedó registrado también en la revista Gentes y Paisajes y en exposiciones individuales. El ingenio campesino y el costumbrismo del habitante de montañas, costas, sabanas o valles se exhibieron en la sección Da gusto vivir en mi tierra y en la historieta Baldomero y Emeterio, con guion de Miguel Salguero.

“Estos dibujos son recuerdos del San José de hace 40 años”, explicaba un cartel ubicado al inicio de Así lo recuerdo , muestra de 1978.

“Son imágenes de una época que, sin ser muy lejana, se siente ya muy distante. Muchas de estas costumbres son ya cosas del pasado”, escribió Díaz. En 1990 volvió a exponer estampas de la vida josefina de esos años: Recuerdos de San José.

Un hito. La figura de Hugo Díaz constituye un hito en el humor gráfico nacional. En su vida hubo numerosos homenajes, premios nacionales e internacionales, una prolífica obra en prensa, dos libros que recopilan parte de su quehacer artístico: El mundo de Hugo Díaz (1977) y Díaz todos los días (1995), múltiples exposiciones, reproducción de obras en el extranjero y participación en proyectos foráneos y en grupos de caricaturistas nacionales.

Sin Hugo Díaz no es posible comprender el desarrollo de nuestra caricatura a partir de 1970 pues, junto con Fernando Zeledón, impulsó la producción criolla. “Creo que [la caricatura] no se ha renovado. Todavía Hugo es el papá aquí”, comentó en 1997 el dibujante mexicano Rius de visita en Costa Rica. “Gran pintor y gran señor” lo llamó Joaquín Gutiérrez, otro grande de la cultura costarricense.

LA AUTORA HA PUBLICADO LOS LIBROS ‘HISTORIA DEL HUMOR GRÁFICO EN COSTA RICA’ (EDITORIAL MILENIO, 2008) Y ‘CARICATURA Y PRENSA NACIONAL’ (EUNA, 2002).