Una niña desnutrida y moribunda yace de cuclillas, con la frente a ras del suelo, mientras que un buitre aparece al acecho, dispuesto a saciar su voraz apetito.
Sin duda, se trata de una imagen conmovedora, que hablaba sin necesidad de palabras. Sin embargo, ese, precisamente, fue su problema, porque se prestó para muchas interpretaciones.
La fotografía con la que el surafricano Kevin Carter obtuvo el premio Pulitzer en 1994 conmovió al mundo, no solo por la crudeza con la que retrataba la realidad de Sudán, sino también porque despertó la polémica en torno a la ética de los fotógrafos y periodistas.
¿Qué debía hacer este hombre: salvar a la niña o enfocar su lente y disparar suclic ? Esa fue la interrogante que miles de personas se formularon después de que The New York Times publicara la imagen, en marzo de 1993.
La discusión cobró mayores dimensiones tras el suicidio de Carter, tres meses después de haber recibido el afamado premio. Enseguida, se dijo que el reportero gráfico se había quitado la vida porque no soportó más sus sentimientos de culpa.
Esa fue la hipótesis que se manejó hasta hace poco. No obstante, de acuerdo con un reciente reportaje elaborado por la revista española Crónica de El Mundo, dos periodistas españoles dieron a conocer otra versión de la historia.
Según José María Arezana y Luis Davilla, la niña de la fotografía de Carter no agonizaba sino que estaba defecando, y el buitre no estaba precisamente al acecho de la criatura; solo esperaba su ración de carroña en un estercolero, muy cerca de la tribu de donde provenía la menor.
Ambos comunicadores tienen la certeza de que así ocurrió, pues pocos meses después de que Carter capturara aquella polémica imagen, ellos acudieron al sitio y descubrieron que la escena era cotidiana. Es más, hasta obtuvieron una foto muy parecida, con otra niña reventada por el hambre y afectada por una severa diarrea.
“Quienes han esparcido esta patraña no saben de lo que hablan. O peor, mienten… Carter se limitó a recortar un trozo de paisaje para servírnoslo a domicilio. La expresividad fue su gran logro, pues la foto es una metáfora certera de la realidad trágica y atroz de una guerra olvidada. No es ningún montaje, sucedió así y Carter solo nos regaló el significante; el significado lo pusimos nosotros, espectadores occidentales, atormentados por nuestra conciencia... Carter no era otro depredador ni el ejecutor de la niña, no, sino su único redentor”, asegura Crónica.
Vida tormentosa. A juicio de Arezana y Davilla, Carter no se suicidó exclusivamente por esta foto, sino porque su vida era ya de por sí convulsa. El documental, La muerte de Kevin Carter , nominado al Oscar en el 2006, también confirma que el fotógrafo cargaba sobre sus espaldas decenas de cruces y que, posiblemente, decidió quitarse la vida en una de sus crisis depresivas.
“Muchos años antes, ya había intentado matarse, fumabawhite pipe , una mezcla de marihuana,mandrax y barbitúricos; tenía conflictos familiares y una personalidad desordenada”, describe el documental.
Al parecer, Carter tampoco supo cómo sobrellevar la muerte de su amigo Ken Oosterbrock, otro fotógrafo “de sangre fría” que pertenecía al club Bang-Bang. Se trataba de cuatro fotógrafos profesionales especializados en retratar la brutalidad durante el fin delapartheid en los alrededores de Johannesburgo y otras poblaciones negras.
“Hacían fotos espeluznantes y se exponían a peligros extraordinarios… En los lugares donde los negros, animados por los blancos, se masacraban, podía pasar cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar. Con unkaláshinokov, una lanza, un machete o una pistola. Ahí trabajaba Carter. Ahí se pasaba desde las cinco de la madrugada hasta el mediodía haciendo fotos de gente matando y de gente muriendo”, afirma el periodista John Carlin, del diario El País , de España.
Ken, quien también había ganado varios premios debido a sus fotografías, falleció durante un tiroteo en Tokoza seis días después de que Carter supiera lo del Pulitzer.
“Toda la emoción reprimida a lo largo de cuatro años de carrera, explotó. Carter quedó destruido. Lloró como nunca y lamentó amargamente que la bala no hubiera sido para él”, asegura John Carlin.
A esta tragedia se le agrega el peso de la crítica a la que fue sometido por la famosa imagen de la pequeña y el buitre. “Y después, ¿ayudaste a la niña?”, fue una pregunta que se le convirtió en un agobio, una pesadilla.
Los únicos que no lo abordaban con esa duda (porque bien conocían de la hambruna en Sudán y otras zonas cercanas), eran los otros fotógrafos del Bang-Bang Club.
“Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella. No quiero ni verla. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”, dijo en una oportunidad el propio Carter, quien, víctima de la desolación, decidió inhalar monóxido de carbono dentro de su vehículo hasta morir asfixiado. Falleció un 27 de julio de 1994 a la edad de 33 años.