
Para algunos, el júbilo llegó antes de julio. La venta de filtros solares para ver el eclipse resultó un excelente negocio que comenzó con mucha antelación. Se iban como pan caliente, pese a sus precios de entre ¢220 y ¢350.
Nadie dudaba de que valía la pena la inversión, pues desde 1908 no se daba en Costa Rica un fenómeno similar, y se sabía que nada igual se repetiría en la región antes del año 2233.
Para el viernes, los pronósticos meteorológicos interponían nubarrones y lluvias fuertes entre la yunta del sol con la luna y la visibilidad de los mortales.
Pero la suerte estuvo de nuestro lado y el espectáculo se dejó ver en toda su magnitud. El cielo estaba despejado y la venia para ausentarse del trabajo también. Muchas oficinas estatales y privadas declararon asueto desde el mediodía.
Eran apenas las 2:01 p. m., cuando la tiniebla se apoderó del país completo. Allá a lo alto, en las cornisas del Teatro Nacional, las palomas se acurrucaban para darle la bienvenida a una “noche” que duraría un tiempo récord de 6 minutos y 53 segundos.
Abajo, en la Plaza de la Cultura, un joven alquilaba filtros solares a ¢20 para usarlos durante diez segundos.
Las lámparas en los postes de luz se encendieron, los animales se cobijaron en sus escondrijos y las calles se llenaron de curiosos peatones. Unos minutos antes, un temblor de 3,2 grados en la escala de Ritcher amenazó con quitarle la calma a los transeúntes mientras disfrutaban del increíble fenómeno natural, mas el meneo no mermó la audiencia.
“Fue un evento único en la vida. Fue algo especial el hecho de que se extendiera tanto, generalmente un eclipse dura entre uno y dos minutos”, recuerda Víctor Fung, miembro de la Asociación Costarricense de Astronomía.
Hay eclipses solares parciales y anulares, pero aquel viernes la luna se interpuso en línea recta entre la Tierra y el Sol, provocando una sombra total. El fenómeno incidió primero sobre Hawai, pasó por México, Centroamérica, Colombia, y terminó en Brasil.
En Costa Rica, la expectativa por ver el evento era tal que el país reportó un notable crecimiento en el ingreso de turistas.
Lo otro que se incrementó fue el temor popular. Fueron muchos los especuladores que le pusieron fecha al fin del mundo cuando se anunció el eclipse.
Durante los minutos de oscuridad, se reportaron únicamente dos incidentes: un baquiano que cayó del techo de su casa mientras observaba y un motociclista que chocó con un vehículo.