
El pianista Lorin Hollander (Nueva York, 1944) no tiene una visión restringida de la música. Aunque empezó a componer a los 3 años y a los 5 ya ejecutaba a Bach, su carrera como intérprete, director de orquesta y compositor ha evolucionado hasta comprometerse de lleno con una visión holística de la experiencia musical. Además de asesorar a la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, Hollander es el fundador, junto a Oliver Sacks (autor del libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero ), del Instituto para la Música y la Función Neurológica.
“La música es un milagro”, dice Hollander. “La música es poseedora de un conocimiento antiguo que debemos volver a encontrar. Como la música es el arte de las vibraciones es el principio básico del universo. Toda la Naturaleza se sacude y está formada por vibraciones; la música tiene el poder de fomentar y expandir cada habilidad y capacidad de la mente y las emociones; la música es el lugar más alto de la creatividad y el espíritu y expresa quiénes somos y lo más perfectos que podríamos llegar a ser. Todo lo que podamos ser, la música lo expresa. Nuestro trabajo no es solo entrenar las mentes de los jóvenes: nuestra misión es permitirles ser totalmente humanos”, dice el pianista, quien mañana viernes ofrecerá un recital en el Teatro Nacional (8 p. m) en el que dirigirá a la Orquesta Sinfónica Juvenil (OSJ).
Si la música es un fenómeno transformador tan potente, ¿por qué no se reconoce este poder?
Uno de los misterios de la mente humana es que hay básicamente dos modos de nuestro ser: llaman a uno el lado izquierdo del cerebro, que es el institucional, el analítico, el académico; todo lo que el mundo reconoce como importante. Y está el otro lado que, desde tiempos antiguos, era el más importante: el intuitivo, el creativo, el holístico, y es del que nos hemos deshecho. Hoy necesitamos el balance de los dos: necesitamos tecnología con corazón, gobierno con compasión; necesitamos industrias e instituciones que no solo sostengan el planeta sino que lo renueven. Hay una larga historia de negación del alma de lo que somos y la educación ha sido una víctima de eso.
Este poder transformador de la música, ¿permite pensar en una transformación política y económica de las instituciones?
La revolución cultural es una evolución cultural. La revolución significa pelear y romper y esto es algo que está creciendo. Tenemos que honrar una nueva manera de ser. Si la gente joven descubre una nueva manera de ser ellos pueden entrar a estas industrias que actualmente están explotando al planeta y pueden transformarlas desde adentro. Ya está sucediendo: líderes corporativos están desarrollando empatía hacia los seres humanos. Podemos permitir a los niños crear su educación para que el único progreso y la única prosperidad sea salvar el planeta.
El modelo educativo es indisoluble del modelo económico. ¿Una educación artística sería compatible con qué tipo de sociedad?
El dinero no trae la felicidad pero la gente necesita dinero. De hecho, nuestra concepción del dinero está cambiando porque si no cambiamos, no sobreviviremos. No tenemos 100 años ni 50 años. Tal vez tengamos 10 años. Incluso ahora, si no cambiamos, miles de millones de personas morirán en este siglo. Tenemos que despertarnos porque si tenemos la imaginación, la cooperación y la habilidad de comunicarnos, la habilidad de perdonar y pedir perdón, si tenemos el coraje para amar, podremos salvarnos. De lo contrario, habrá una catástrofe.