En aviación lo que cuenta es la habilidad, no el sexo". Esta frase la dijo sin tapujo alguno Amelia Earhart, una célebre mujer del siglo veinte que se hizo famosa como piloto de aviones en los años trientas.
En las últimas semanas, muchas revistas norteamericanas han revivido sus hazañas del aire, porque más de 60 años después de su desaparición, su fama sigue indeleble.
Alta, pelirrubia, osada y de ojos azules, Earhart representaba el modelo de patriotismo que los norteamericanos enarbolaron hasta lo más alto del heroísmo.
Fue la primera mujer que cruzó -acompañada y después completamente sola- el Atlántico, realizó proezas de aterrizajes forzosos y como gesta póstuma intentó darle la vuelta al mundo sobrevolando la línea del ecuador.
Pero su último deseo no lo cumplió ni sana ni salva. El 2 de julio de 1937 -tenía por entonces 39 años y estaba en la cresta de su fama- despegó de una isla de Nueva Guinea en un Lockheed Electra con 4.000 litros de gasolina.
El séquito de Amelia era mínimo: una pañoleta, un cepillo de dientes, un cepillo de pelo y su navegante Fred Noonan.
Una pequeña multitud arremolinada en la pista aplaudió su partida esperando que Earhart rompiera el récord. Hasta ese momento ningún piloto, ni hombre ni mujer, había circunnavegado el planeta por su parte más ancha.
Pero la imagen del pequeño avión no se volvió a ver, desapareció en alguna parte del Pacífico.
Para muchas mujeres, esta aviadora fue un símbolo por seguir, pues fue una pionera en incursionar en oficios ejercidos tradicionalmente por hombres.
Sus relatos todavía son devorados por la avidez del público, que no deja de sorprenderse de cómo esta mujer, certificada como aviadora apenas a dos décadas del primer vuelo de los hermanos Wright, promovió sin desmayo la aviación y la igualdad para las mujeres pilotos.
Lo que el viento no se llevó
Los logros de Amelia Earhart han provocado que quede registrada como una de las mujeres más populares del siglo:
En 1928 fue la primera mujer que cruzó el Atlántico en un avión (iba acompañada por dos pilotos varones).
En 1932 se convirtió en la primera mujer en hacer un vuelo trasatlántico absolutamente sola. En pleno vuelo, el altímetro se descompuso y cuando días después el presidente estadounidense Herbert Hoover la condecoraba, ella declaró: Durante la noche no podía saber si estaba a 15 ó 45 metros sobre el agua, solo sabía que estaba muy cerca".
En Nueva York fue recibida por las calles con un desfile multitudinario de serpentinas; y en Washington, D.C., fue la primera mujer reconocida por la Cámara de Representantes y el Senado con la condecoraciónThe Distinguished Flying Cross.
Su figura fue ensalsada por la prensa estadounidense a los niveles de una heroína y en su momento se le comparaba hasta físicamente con el famoso aviador Charles Lindbergh, pues tenía -al igual que él- pelo rubio, esbeltez, frente amplia y ojos azules.
El 2 de julio de 1937, cuando intentaba darle la vuelta al mundo sobre la línea del ecuador, fue vista por última vez cuando sobrevolaba la isla de Nueva Guinea.
Para este último desafío había salido de Miami y ya llevaba recorridos 30.000 kilómetros con un total de 24 escalas. Como le prohibieron volar sobre Arabia, Amelia estableció su última marca en un vuelo ininterrumpido: 13 horas y 3.100 kilómetros entre el mar Rojo y Karachi.