Por Paco González Paz
Nueva York, 31 ago (EFE).- Considerado hasta hace una década un adorno corporal de escaso gusto, el tatuaje se ha extendido en los últimos años de manera vertiginosa, hasta alcanzar ámbitos desconocidos, como las finanzas y la alta dirección de empresas.
A ello ha contribuido el uso que han hecho de esta moda los ídolos sociales, como cantantes, actores y deportistas, así como la irrupción de jóvenes profesionales en todos los ámbitos económicos, incluidos los que hasta ahora se consideraban más conservadores.
Y es que la rotulación de la piel ya no es algo característico de los viejos "lobos de mar", ni es un signo de protesta del movimiento hippy, o una marca que distingue a los jóvenes motociclistas.
Como decía The New York Times en un artículo reciente, el tatuaje se ha convertido en un elemento de moda, que ha llegado "hasta los tobillos y los brazos de los ejecutivos de Madison Avenue".
El último fenómeno, en este sentido, es la cada vez más extendida moda de los jóvenes ejecutivos de tatuarse una parte de su cuerpo, sin preocuparse de si el adorno compagina bien con el traje de chaqueta y corbata que deben llevar entre semana.
El fenómeno ha alcanzado en Estados Unidos tal proporción que muchos de las grandes compañías han tenido que adoptar una postura pública acerca no sólo de la indumentaria de sus empleados, sino también del uso del tatuaje y el piercing.
Así por ejemplo, según una encuesta publicada por The Wall Street Journal, la compañía automovilística Ford y la aeronáutica Boeing permiten a todos sus empleados, desde los ejecutivos seniors hacia abajo, llevar tatuajes y piercing, siempre que no sean operarios y el adorno no suponga un peligro para su trabajo.
Una empresa de abogados de Silicon Valley, "Wilson, Sonsini, Goodrych y Rosaty", cuenta en su equipo con jóvenes letrados tatuados y con perforaciones en sus cuerpos, algo que se está extendiendo a otros ámbitos profesionales.
"El tatuaje ya no es una marca de subcultura", aseguraba al Wall Street Journal Vincent Weiner, un antiguo gestor de fondos de inversión y que abandonó su empleo para dedicarse a su verdadera pasión, hacer tatuajes.
Este artista, afincado en Los Angeles, reconoce que ante su local hacen cola individuos de todo tipo, desde jueces federales hasta vicepresidentes de empresas jubilados.
El periódico de Florida "Palm Beach Post" advertía hace unos meses que el tatuaje había dejado de ser algo exclusivo de marineros y bailarinas de strip-tease, para llegar a "abogados, contables y amas de casa".
Especial incidencia ha tenido entre los deportistas, como muestra una encuesta elaborada entre 29 equipos de la NBA, de la que se deduce que uno de cada tres jugadores de baloncesto tiene un adorno rotulado en su cuerpo.
El auge del "tattoo" puede observarse sólo introduciendo esta palabra en uno de los buscadores de Internet, donde aparecen más de 3,6 millones de entradas.
Además, los negocios de tatuajes han sido durante los últimos años, curiosamente, uno de las actividades económicas que más ha crecido en los últimos años, solo por detrás de los relacionados con Internet, informática y telefonía móvil.
Además, el hecho de que personas adineradas como cantantes de rock, modelos y deportistas acudan con regularidad a los salones de tatuajes ha provocado el nacimiento de un nuevo negocio de alto nivel, con buenas condiciones sanitarias, técnicas innovadoras y diseños rompedores.
Las páginas de Internet especializadas ofrecen ya todo tipo de imágenes para imprimirse en la piel de modo permanente, desde los tradicionales cuerpos de mujer, demonios y dragones, hasta los códigos de barras y los personajes de cómics. EFE
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