No hay peor ciego que el que no quiere ver, esto dice la sabiduría refranera. Y es lo que nos receta la película que ahora se estrena, actuada y dirigida por Woody Allen: El ciego (2002), en tono de comedia para burlarse del mundillo del cine.
La trama si se quiere es más simple de la cuenta. El filme narra la historia de un director de cine llamado Val Waxman (encarnado por Allen), quien sufre de obsesiones y ha sido abandonado por su linda compañera Ellie (Téa Leoni). Esta se ha ido nada menos que con el jefe del estudio llamado Hal (Treat Williams).
Ya lo ven, en la frivolidad de la industria del cine, las actrices buscan buena sombra. Por aquí empieza Woody Allen a tirar chinitas y más chinitas. Por otra parte, según la trama, Val Waxman se considera autor de sus películas, por lo que le cabrea hacer comerciales.
Él quiere otra oportunidad en cine y esa ocasión le llega nada menos que de su propia exmujer (las actrices cambian, pero no olvidan). Ella convence a su nueva pareja para que le dé oportunidad a Val Waxman en la nueva película que Hal financia. Dicho y hecho. Lo que sucede luego sirve para dar lugar a la comicidad burlona.
Cuando Waxman comienza el rodaje del filme, como buen neurótico y tipo psicosomático que es, ¡se queda ciego!, pero él lo oculta: no quiere perder la ocasión e inventa montones de ardides para salir adelante sin que los demás observen su ceguera. Pero hay quienes la notan.
Entre esos últimos está la propia Ellie, quien se convertirá en su lazarillo. ¡Paradoja! Así, estamos listos para ver una cinta con final ?made in Hollywood?, con todo lo que esto significa. Woody Allen aprovecha para enderezar lanzas contra los airecillos del cine gringo, se burla con acidez, elogia a los franceses (El ciego abrió el Festival de Cannes 2002) y les tira duro a los críticos de cine.
En fin: estamos ante una comedia mordaz que, incluso, le permite a Woody Allen autoparodiarse. Sin embargo, lo cierto es que El ciego es comedia irregular, poco cuidada, muy ligera, reiterativa y con destellos ocasionales (algunos muy buenos), pero que puede agradar si la vemos con nostalgia cinéfila: cine en el cine con toques de humor.
Cómo, cuándo, dónde...:
El ciego se exhibe en la Sala Garbo.
Entrada: ¢1.700.
Horario: 3, 5, 7 y 9 p.m.