Eran los primeros días del curso lectivo de 1952, cuando Joaquín Bravo se animó a llevar a su hijo de 14 años, Jorge Delio, ante la presencia de Teresita López de Albán, la joven directora y maestra de la Escuela Mixta de Santa Cruz de Turrialba, en Cartago.
El jovencito había insistido mucho, y la educadora cartaginesa supo adivinar que aquel muchacho que nunca había ido a la escuela, pero que sabía leer y escribir autodidácticamente, era un diamante listo para pulir.
Y ella lo pulió: lo ascendió por sus conocimientos a sexto grado, y después hasta gestionó una beca para que continuara los estudios secundarios.
Aquel joven no finalizó sus estudios. De hecho, murió muy joven, pero doña Teresita acudió el pasado mes noviembre cuando el colegio San Luis Gonzaga lo declaró bachiller Honoris Causa , un título que recibió su padre don Joaquín, quien asistió acompañado de su esposa y nietos.
Hoy, a sus 91 años, a la maestra de quien se convirtió en el famoso poeta Jorge Debravo la encontramos en el Barrio Los Ángeles de Cartago, donde atesora un manojo de recuerdos.
"Jorgito llegó descalzo a la escuela, era muy avispado y pronto le noté su inclinación creativa por la poesía que hacía en clase con frecuencia y facilidad", contó.
"Entre mis cosas tengo poemas que él me dedicaba y que hoy me hacen temblar de emoción", añade ella, quien hoy es viuda de su esposo Cicerón, y vive con sus hijos Eduardo y Mary, y nietos.
Hablar de Debravo, dicen sus familiares, es su tema recurrente, guarda sus libros como tesoros y corrientemente lee su poesía y la recita, tanto leyéndola (no usa anteojos) o recitándola.
Años de experiencia
También en su largo trajinar educativo le enseñó las primeras letras a otro poeta, Laureano Albán, y al expresidente de la Asamblea Legislativa y hoy Ministro de trabajo Ovidio Pacheco, entre otros muchos destacados personajes "santacruceños".
Aunque vive en la ciudad, añora el campo, y pese a no ser feminista dice que nunca le ha gustado el "de" que le anteponen a la esposa: "no somos propiedad de nadie, compartimos una vida con un ser querido", manifiesta.
Con gran lucidez se lamenta también de que el ser maestra o maestro, hoy en día, se vea solo como una profesión más, y no como un apostolado.
Y es que ella sigue orgullosa de haber sido la maestra de una de las luminarias de la poesía nacional, fallecido a los 29 años de edad, en un accidente de tránsito ocurrido en 1967.
"Una semana antes me había visitado porque él, como buen campesino, fue muy agradecido", recuerda, y esa tragedia aún hace que se limpie sus ojos claros .