Puntarenas. Pocas veces lo vimos actuar así. Corría de un lado para otro en el banquillo morado. Arengó con pasión a sus jugadores y, en especial, a los escogidos para lanzar los tiros libres desde el punto trágico.
Ayer, con el sol porteño a cuestas, la personalidad serena y racional del técnico saprissista, Carlos Watson, cambió para dar rienda suelta a su celebración, que los morados aún no lograban saborear, la de quebrar el encanto desde el punto de penal.
Watson iba y venía sobre la línea de cal. De pronto se percató de la lista de los cinco francotiradores morados, idea que compartió, en secreto, con el preparador físico Luis Ortiz.
Luego ordenó: "los de la prensa dejen de presionar a los muchachos antes de tirar los penales" y por un lapso, la serenidad volvió a su mente exhaltada, cuando exclamó "después hablamos; para todo hay tiempo".
Llegó el momento crucial.
Carlos Astúa, juez central del encuentro entre chuchequeros y saprissistas, ordenó la ejecución desde los once metros, y el segundo mandato de Watson recayó sobre sus jugadores, cuando les dijo: "Muchachos, todos al centro de la cancha." Un ritual de solidaridad que se repite en las tiendas moradas.
La tanda fue abierta por los porteños. Erick Mata se encargó de clavar la primera astilla en el corazón de Watson, quien solo atinó a gritar: "¡Vamos, vamos!". Rónald González empató la cuenta.
Adivino
Pero el desenfreno vino en el segundo lance, cuando Erick Lonnis paró el obús de Trino de la O.
El técnico saltaba y gritaba como un niño ilusionado. La emoción desbordó el banco saprissista y Watson se fundió en un profundo abrazo con Ricardo Rodríguez, coordinador de ligas menores de la organización.
"Ahora sí, Erick (Lonnis) los va a parar todos (los penales)", dijo Watson, mientras miraba hacia el centro de la cancha, donde sus pupilos se amarraban a la esperanza de truncar la mala racha de los penales.
Wáshington Hernández aceleró más el estado de ánimo del estratega morocho, al incrustar la ventaja momentánea en el arco de Desiderio Calvo.
Watson ayer hizo también de adivino, pues vaticinó que "Edward (Fonseca) lo va a botar porque ya falló uno ante Belén"... su premonición se cumplió. El tiro del pampero se estrelló en el vertical.
Después todo fue un sueño de aciertos. Los lanzadores de penales del líder del Campeonato no fallaron. Su puntería mejoró y, con ello, vino el sosiego para el entrenador.
Los abrazos fueron la escena reiterada y la calma volvió a las tiendas del líder.
"Ahora sí lo puedo confesar. Fallar tantos penales nos afectó. La prensa y la afición empezaron a meterse con nosotros y tuvimos que hacer un trabajo especial con el psicólogo", expresó el técnico.
Con mayor claridad y haciendo a un lado la emoción, Watson reconoció que ayer el equipo morado no mereció ni siquiera el empate. "Perdimos muchos rebotes y pocas veces administramos con propiedad el balón", aceptó.