
Lucía tiene seis años y suele pedirle a su mamá que le prepare dos meriendas para la escuela. Así le da una al matón y no se queda sin almuerzo. La vida en el patio de la escuela tiene también su ley, y su trampa.
"En el aula las cosas suelen estar en su lugar, la jerarquía del profesor se impone y los límites y las tareas están claras. Cuando suena el timbre se produce una pequeña estampida. En el patio, los niños descargan la energía contenida y las cosas empiezan a estar menos claras; cuando se acaba la estructura, puede pasar cualquier cosa", comenta Beatriz Cordero, psicóloga educativa.
Los gritos, los empujones, los chismes y las burlas son las faltas más frecuentes; pero los golpes, las amenazas, la prepotencia y el aislamiento también dicen presente.
"Casi siempre los recreos son muy divertidos, uno puede comer, charlar con sus amigos y pasarla bien, pero a veces también hay problemas como chismes, secretos y pleitos", cuenta Stephanie López, alumna de sexto grado.
Los primeros días del año los recreos son muy tranquilos. Los niños están investigando las posibilidades, probando los límites, observando a sus compañeros. La temperatura empieza a subir conforme pasan los meses: se consolidan las argollas, se entronizan los matones y aumentan, también, el estrés y el cansancio. Es a finales de año cuando las cosas se ponen más difíciles.
El asunto se complicacon el hacinamiento. "Cuando se cuenta con un espacio grande, en el cual los estudiantes tienen la posibilidad de escoger entre distintas actividades, los conflictos disminuyen.
"También es bueno separar los recreos en distintos horarios según la edad, porque los juegos y las necesidades de los niños varían mucho según estén en preescolar, primaria o secundaria", comentó Silvia Cordero, directora del Centro Educativo San Diego, en Alajuela.
En pequeña escala
Desde que entran a la escuela por primera vez, los niños se sectorializan y rentabilizan sus contactos. Por un lado están los amigos más íntimos, los incondicionales, y, por otro, los circunstanciales, aquellos con los que coinciden en las tareas específicas de clase, deportes u otras.
Según la psicóloga Cordero: "La principal defensa de los niños es formar parte de un grupo de iguales. La necesidad de autoafirmarse los hace buscar compañeros con características similares ya sean sociales, económicas, físicas, o incluso a partir de sus propias dificultades académicas.
"Y es que a la escuela los niños vienen a establecer vínculos y contactos afectivos con sus pares, es como un ensayo para las relaciones posteriores".
Por eso, cada escuela es como una sociedad en pequeña escala. El grupo más numeroso lo componen aquellos alumnos más o menos esforzados que aprueban las materias y no tienen mayores problemas pero, como en todas las comunidades, en la escuela hay de todo.
Están los graciosos: extrovertidos, espontáneos y sin miedo al ridículo; también están aquellos que se la pasan bien soliviantando a los compañeros, burlándose de ellos e intimidándolos.
"Estos niños son, generalmente, bastante inseguros; tienen serios problemas para relacionarse y sienten un intenso miedo al rechazo, entonces para esconder ese temor se vuelven provocadores", explica la especialista.
Es a partir de la secundaria cuando los problemas de convivencia suelen ser más relevantes. Hay que tener en cuenta que después de los 12 años los muchachos tienen que empezar a cargar no solo con los libros sino con un peso mucho mayor: su futuro.
Aumentan las tensiones, la indisciplina, los abusos, el fracaso escolar y hasta las agresiones.
"En la adolescencia lo que importa es lo que opinan tus compañeros y tus pares. Lo que piensan los padres y los maestros deja de ser fundamental y los muchachos tienen la necesidad de oponerse a los adultos en la búsqueda de su propia identidad, por eso empiezan a regirse por los valores del grupo social", explica la psicóloga.
Así, si alguien les dice que deben llevar el pelo corto, quieren llevarlo largo y si les exigen que hagan silencio sienten enseguida ganas de gritar.
"Para los muchachos es fundamental tener un espacio propio, acondicionado exclusivamente para ellos. Hay que ponerles límites pero darles libertad; y, sobre todo, darles opciones de esparcimiento acordes con su edad; por ejemplo, conseguirles una grabadora para que escuchen su música, prestarles revistas que les interesen y ofrecerles juegos de mesa o deportivos que les gusten", explicó, por su parte, la directora del Centro Educativo San Diego.
¿Y los maestros?
La función de los maestros durante el recreo es casi tan importante como dentro del aula, deben estar atentos pero no convertirse en policías.
"Es fundamental que los profesores estén allí y que los alumnos puedan recurrir a ellos para buscar apoyo en la resolución de aquellos conflictos que no puedan resolver por su cuenta de manera positiva", asegura la psicóloga Cordero.
Los maestros deben tener claro que no existe ninguna fórmula que sirva para resolver todos los problemas y que las soluciones deben plantearse dependiendo de las características de cada estudiante.
"El recreo es un derecho y no un premio, y, como es un derecho debe ser sagrado. Aunque no hayan terminado un trabajo o tengan un problema, los niños no deben quedarse en el aula como un castigo.
"Todos los niños necesitan un espacio para relajarse y hacer un corte dentro de la vida académica, por eso, es importante que los adultos organicen su tiempo de manera que no interfieran con el recreo", concluye Silvia Cordero, la directora de escuela.
Sobrevivir al recreo
A continuación, se enumeran algunos de los problemas más frecuentes que, según los niños, se presentan en los recreos y algunas soluciones posibles planteadas por psicólogos y educadores.
En las sodas se hacen filas muy largas, hay chicos que se cuelan y cuesta mucho comprar... Los alumnos pueden unirse para comprar las cosas, así uno compra la comida para varios al mismo tiempo.
Hay niños que se burlan, empujan y molestan sin que los demás les hayan hecho nada... Los matones suelen ser niños inseguros que no saben cómo hacer amigos. Lo mejor es hablar con ellos y explicarles como se sienten los demás con su conducta.
A veces es difícil encontrar con quien jugar... En general, hay otros chicos que también están solos durante los recreos, si estamos atentos podemos saber quiénes son y acercarnos a ellos.
El tiempo no me alcanza para comer, ir al baño y jugar con mis amigos... Es bueno planificar y ordenar las cosas que queremos hacer según el tiempo que dure cada recreo.