
Ni para pasar la tarde... ¿Qué ocurre, muchachos? El futbol se está volviendo difícil, sin alegría ni creatividad. En el pizarrón, la letra se convierte en fardo; en la cancha, la pelota es un grillete. Y el futbol, un candado.
Tras el empate a cero goles, se podría decir que Alexandre Guimaraes, manejador belenita, ganó en la pizarra. ¡Ganó...? Bueno, no perder en campo extraño de algún modo se traduce en triunfo. Aunque, a raíz de la modalidad que otorga tres puntos al vencedor, los empates sirven muy poco.
No obstante, en el epílogo, Belén casi logra el objetivo, cuando Erick Lonnis repelió un disparo de Sergio Morales en una de las escasísimas emociones que aportó el juego.
El afán carcelario se insinuó desde un principio. Las piezas rojiblancas maniataron por completo la creación morada. Ubicadas en escala, cada una obedeció, al pie de la letra, las órdenes que dictó el libreto. Geraldo y Ramírez; Sergio y Oviedo, Juan Alvarado, Coto y el Diablo... los hilos de un valladar.
En el Saprissa ocurrió algo parecido. Quizás, la única figura que buscó otros matices fue Roy Myers, fuera de ritmo, ciertamente, pero empeñoso en tomar la pelota y ensayar trazos de creatividad.
"Nadita de nada"
Sin riesgo no hay gloria. A los 10 minutos del reinicio, al intuir la incapacidad de los morados para avanzar y horadar, Guimaraes quitó a uno de sus gendarmes, Alfredo Diablo Contreras, e incluyó a un pasador, Wálter Centeno.
El Chiqui, por su parte, "castigó" a Roy y a Wanchope y procuró, con dos relevos, más profundidad: Luis José Herra y Gérald Drummond.
Sin embargo, la vela no se hinchó. Y se acomodó el ancla. Quiere decir que, a pesar de la inquietud por renovar las piezas y buscar las redes, la presión continuó al tenor del amarre.
Saprissa atacó muy poco. Drummond peinó un centro que pasó cerca; Tray peleó balones por el carril derecho y los mandó a la zona de fuego en varias oportunidades... ¡Nada!
Cuando la escala belenita intentó el toma, dame y avanza, la sociedad casi se traduce en gol. Pero Lonnis lo impidió con su reacción postrera.
El marcador quedó en blanco. Casi en silencio, la masa abandonó el estadio. En su lento transitar por las vías tibaseñas, a modo de resignación, el alma colectiva procuró el olvido. Y se perdió en la tarde.