LLANTOS DE NIÑO son los que escuchan en pleno tiempo prehistórico, a la llegada de la época del hielo, cuando unos tigres con dientes como sables (dirigidos por el fiero Sotto) atacan a los habitantes de un grupo humano nómada. Este es solo el comienzo de una emotiva historia que se nos narra en la película La era de hielo, que nos llega con el sello de los estudios Fox.
Así es: en Fox intentan sobreponerse a los fracasos de taquilla de sus anteriores cintas de dibujos animados: Anastasia (1997) y Titán A. E. (2000), por lo que ahora recurren a un cine que está dando buenos resultados: el del diseño animado por computadora y en tercera dimensión.
Lo otro que hicieron en los estudios Fox fue llamar a un buen realizador, muy competente, y así apareció el nombre de Chris Edge, quien ya había ganado un Oscar (en 1988) con un cortometraje de dibujos animados titulado Bunny.
El resto fue darle vida a una buena historia, tan tierna como entretenida, tan emotiva como divertida y tan convincente como seductora. De esa manera nos identificamos con sus personajes: Sid, un perezoso ágil y simpático; Manfred, un mamut sabio y valiente; y Diego, un tigre mañoso y conflictivo. Ellos tres van a cumplir con la regla de una manada: cuidarse entre todos, porque los tres tienen una tarea que sumplir, como es la de salvar a un niño sobreviviente del mencionado ataque de los tigres (con dientes de sable) a la tribu nómada.
Los tres hacen un viaje que resulta odisea para llevar el niño a los suyos: a donde los hombres con sus mujeres (curiosamente, en la película los animales hablan, no así los humanos). No pocas aventuras tendrán que vivir para salvar a su "bodoque con patas", al "bola de grasa", a "la bola rosa" (como llaman al bebé). También aparecerán los conflictos entre ellos. Todo eso entre alegrías y angustias, entre lloriqueos infantiles y cambios de mantillas.
Como contrapunto del relato, ahí veremos a Scrat, una ardilla pizpireta cuya única actividad es la de conservar bellotas, personaje para mejorar el buen sentido del humor que siempre es oportuno en la película. Se trata de una ardilla a la que es capaz de caerle un rayo y de seguir con su terquedad, aunque ustedes no lo crean, veinte mil años después, luego del deshielo, con un coco en lugar de bellotas.
En fin: se trata de una aventura inusual, de afinada textura, con buen ritmo y expresiva caracterización de personajes, cuya calidad tiene la firmeza del mamut, el sigilo del tigre, el alboroto del perezoso, la algarabía de la ardilla y la ternura del niño.