TRES ALCALDES muertos en cinco años, esa es la marca impuesta por los habitantes del pueblito de San Pedro de los Saguaros, un rincón en el olvido mexicano; sin embargo, parece que las autoridades no escarmientan y -así- diputados, gobernadores, presidentes municipales y algunos otros políticos meten la alcaldía de San Pedro en el saco de la corrupción que da lugar a la voracidad de poder.
Mientras tanto, como se dice en el pueblo, "los pobres siguen amolados", tal y como sucede cuando a San Pedro llega Juan Vargas, Varguitas, para sustituir al último alcalde ahí linchado. Varguitas llega con la mejor intención: él todavía cree en el discurso de su partido político, pero -con el tiempo- descubrirá las delicias del poder y de la corrupción, por lo que se transformará en un tirano decidido a exprimir el bolsillo de cualquiera. Para eso, Juan Vargas aplica muy bien la ley recomendada por sus superiores: la ley de Herodes, "o te chingas o te jodes", y de aquí en adelante los acontecimientos se precipitan hacia un final de sorpresa.
Por ahí va el argumento de unos de los filmes más polémicos de la actual cinematografía mexicana: La ley de Herodes, dirigido por Luis Estrada, que se convirtió en piedra de escándalo en algunos círculos de la politiquería mexicana, a tal punto que no fueron pocos los afanes para que se prohibiera la exhibición de esta película.
Sin quererlo, La ley de Herodes vino a reavivar los intentos de censura política e ideológica en México, pese al importante premio que la cinta había obtenido en el Festival de Sundance 2000: el de mejor película latinoamericana. La polémica estaba sembrada.
Después de sortear censuras, La ley de Herodes se exhibió comercialmente y se convirtió en éxito de taquilla, como también de crítica. Ahora llega a nuestro país con su humor descarnado, capaz de poner el dedo en la llaga, en la mejor tradición del naturalismo literario llevado al cine (el guión es de Luis Estrada, Jaime Sampietro, Fernando León y Vicente Leñero) y con todo el rigor de la sátira política.
Como sátira, pretende censurar de la manera más acre el orden político, social y religioso que le sirve de ambiente, y burlarse de las autoridades poniéndolas en ridículo y evidenciándolas en sus vicios: del alcalde al cura, del médico a la dueña del burdel, de quien sea a donde sea.
Lo hace con indignación, con el mejor manejo de los personajes, sin soltarlos, como se hace en las mejores sátiras, porque los personajes son -en este caso- instrumentos de demostración (por dicha cuenta con estupendas actuaciones, donde destaca Damián Alcázar como Varguitas, acompañado de Pedro Armendáriz, Delia Casanova e Isela Vega, entre otros).
Como buena sátira, se trata de una película muy bien planeada, ácrata (como si pidiera la supresión de toda autoridad), un tanto intelectual y sin miedo -¡por dicha!- de la satisfacción estética. Buen cine latinoamericano, a mucha honra del buen momento que pasa el cine mexicano.
Cómo, dónde, cuándo
La ley de Herodes se exhibe en Outlet y Cinemark.
Entrada: ¢1.100. Precio especial para pensionados.
Horario: Funciones regulares.
Inicio: Mañana, viernes.