Una pieza de cerámica mexicana que resguarda el carácter popular del comediante Mario Moreno, Cantinflas . Un teclado que metaforiza las melodías del maestro Agustín Lara. Una paleta de color que brota de la cabeza del muralista José Clemente Orozco. Un puro que configura al dictador Fidel Castro' Todos son retratos de Róger López López (1914-2002) que indagan en el alma de las personalidades que eligió.
“Estoy buscando algo más profundo que la simple y vacía máscara que presentamos. Trato de encontrar las líneas esenciales para llegar al hombre interno. ¡Creo que la caricatura es la síntesis del gesto!”, afirma en calidad de poética en La fiesta de lo feo , su segundo álbum de caricaturas- retrato.
El libro es una colección de 34 retratos simplificados que juegan con formas, volúmenes y colores en un espectáculo artístico de lo deslucido, lo antiestético: lo feo.
En un afán de destacar componentes primordiales en su lenguaje plástico, López reduce la figura a su mínima expresión geométrica. Así comprueba un talento, cultivado desde su juventud, cuando fue alumno de Tomás Povedano en la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Su habilidad capta la esencia de las personalidades, más que el parecido. El cubismo le permite convertirse en un gran maestro del retrato caricaturesco.
Exposiciones y álbumes. Durante más de seis décadas, Róger López exhibió el alto valor artístico de la labor que realizó. Sus dibujos de personajes famosos del mundo se expusieron en distintas muestras en Costa Rica, Guatemala, México, España, Canadá y Estados Unidos.
En 1959, Róger López tuvo el honor de inaugurar las Galerías Chapultepec, del Instituto Nacional de Bellas Artes, en la ciudad de México, y fue el primero en exhibir allí caricaturas. El director del Departamento de Artes Plásticas lo justificó diciendo: “En el estilo de López, la caricatura deja de ser un arte menor para convertirse en un arte mayor”.
En otras exposiciones, el gran aplauso del público quedó impreso en su participación. Según una nota del director del California Museum of Science and Industry, la exposición individual de López registró más de 900.000 visitantes entre abril y julio de 1971.
Sus caricaturas de Luis Echeverría, José Figueres, Richard Nixon, John Kennedy, Brigitte Bardot, Jerry Lewis, Casius Clay, Diego Rivera, Salvador Dalí y su propio autorretrato fueron parte de una muestra de 46 obras.
Tres álbumes coleccionan sus retratos caricaturescos: Cómo es quién en Guatemala (1945), La fiesta de lo feo (Beyond the faces, 1965) y Cómo es quién en mi mundo (How is Who in my World, 1985). La amplia acogida que el público le brindó a sus dos primeros álbumes se refleja en su condición de ediciones agotadas. Lamentablemente, el tercero no alcanzó a imprimirse.
Óleos, acuarelas y acrílicos completan su obra artística, presentada dentro y fuera del país. Entre sus exposiciones individuales de caricatura en Costa Rica sobresalen la de 1943 en el Teatro Nacional, con más de cien obras hechas “a línea”, según sus propias palabras.
Esa muestra estuvo acompañada con un ciclo de conferencias sobre arte argentino a cargo del ministro Enrique Loudet, también impulsor de las Exposiciones de Artes Plásticas entre 1928 y 1937. Asimismo, destacó la Retrospectiva de 40 años en el Museo Nacional, de 1985, con caricaturas al pastel.
Arte en los diarios. Los dibujos de personajes fueron la obra más trascendental de López y convivieron con caricaturas políticas.
Entre 1939 y 1943, López publicó dibujos en La Semana Cómica junto al maestro Noé Solano y a otros, jóvenes valores, como Claudio Carazo y Alcides Méndez.
Sus retratos caricaturescos también transitaron el semanario. En ellos, el juego con los sentidos mostró su ingenio, su coraje y la calidad de su arte.
Durante la II Guerra Mundial trazó a Adolf Hitler a partir de elementos simbólicos asociados con él (irónicamente, alguno fue publicado en la sección infantil Dibujo para colorear ). Asimismo, lo diseñó integrado con otro actor del momento, Stalin: Dos en uno lo tituló y al pie remarcó su intención.
En 1939, otra de sus caricaturas provocó un incidente internacional. Bajo el título “Capturen a ese rebandido!”, dibujó a Hitler con la esvástica en la mejilla, el martillo y la hoz en la barbilla y el número 1313 impreso en su uniforme de reo. La explicación: “Peligroso y pestífero asesino que no ha podido ser capturado” completó el desafío que se plasmó en una acusación del encargado de Negocios de Alemania en Costa Rica contra la revista y su director, Pío Luis Acuña.
Durante la campaña electoral de Picado Michalski contra Cortés Castro, los chistes políticos de Róger López circularon en el Diario de Costa Rica. En esta difícil época de la política nacional, fue dibujante adscrito al Partido Demócrata y satirizó a los líderes contrarios: al llamado Bloque de la Victoria.
Compiladas en el texto Jornada cívica en 60 caricaturas. Campaña presidencial del Lic. León Cortés 1943-1944 , cada dibujo testimonia hoy que el humor gráfico es un comentario que busca conformar la opinión pública.
El álbum fue prologado por el propio expresidente Cortés en setiembre de 1944, tras el inicio de la gestión gubernamental de su contendor, Teodoro Picado. Decepcionado por lo que llamó “el fraude electoral más grande de la historia de Costa Rica”, Róger López dejó el país en 1945.
De 1939 a 1945 colaboró en la prensa nacional (incluida La Tribuna ), y de entonces a 1965 en revistas y diarios de Guatemala y de México, países donde vivió. Durante seis años, colaboró en México en un noticiero televisivo dibujando la nota leída por el presentador. Más adelante publicó en la prensa de Los Ángeles (California), donde finalmente situó su residencia.
Su apellido, su nombre completo o su seudónimo “Rolop” (conformado con las primeras letras de su nombre y su apellido) suscribieron una obra cuya calidad y mordacidad quedaron evidenciadas desde sus propuestas en La Semana Cómica.
Artista polifacético. Además de artista plástico, Róger López fue locutor radiofónico en La Voz de la Victor en Costa Rica y en otras emisoras foráneas. Además, actuó en teatro, televisión y cine en Guatemala y México, y fue profesor de pintura en el Instituto Tecnológico de Monterrey (Nuevo León, México).
Pese a haber vivido más de medio siglo en el extranjero, Róger López imprimió su huella en Costa Rica. Siempre se enorgulleció de haber descubierto a Hugo Díaz cuando este era aún un escolar. “La muestra de Róger López de 1943 me despertó la intención de hacer caricatura yo también”, confesó Díaz en 1994.
“En esa exposición me atreví a hacerle una caricatura, y la pegó junto con las de otros colegas (Valenciano, Méndez, Carazo y Solano). Esos eran los más importantes profesionales de la caricatura que publicaban en periódicos. Fue muy importante el estímulo de Róger López”, añadió Hugo Díaz.
Unos meses antes de morir, su deseo de fotografiar las casitas típicas de adobe lo hicieron retornar. Si bien no pudo encontrar aquellas de su recuerdo, sí pudo comprobar el aprecio por su obra y su vigencia en Costa Rica.
La autora ha publicado los libros 'Historia del humor gráfico en Costa Rica' (Editorial Milenio, 2008) y 'Caricatura y prensa nacional' (EUNA, 2002).