Hasta hace algunos años, el título de esta nota habría sido posible solo en una película de ciencia ficción, pero hoy dista poco de la realidad.
Astroboy, Arturito, C3PO (el robot dorado de La Guerra de las Galaxias ) y hasta Robocop se quedan cortos frente a los androides que se han diseñado en los laboratorios de importantes centros científicos del mundo, y cuyas facultades sorprenden cada vez más.
Que lo diga el primer ministro de la República Checa, Vladimir Spidla, quien fue sorprendido hace un par de semanas, durante una cena que sostuvo con su colega japonés, Junichiro Koizumi, cuando vio bajar las gradas a Asimo, un androide blanco capaz de hablar diversos idiomas, y de interactuar con las personas.
Asimo, fabricado por la empresa de tecnología japonesa Honda, entró caminando al gran salón donde estaba servida la elegante cena, saludó al Primer Ministro checo, y le dio un buen apretón de manos, antes de proponer un brindis.
Todo esto siguiendo las normas de etiqueta que regían la ocasión y expresándose en un checo perfecto.
Domésticas, artistas y más...
La palabra robot fue utilizada por primera vez en 1921, en una obra de teatro del escritor checo Karel Capek, quien concebía a esos "seres" como creaciones a imagen y semejanza del hombre, capaces de realizar acciones repetitivas.
El término tiene su origen en la expresión checa robota , que significa "trabajo duro y tedioso".
Quizás por eso los científicos que compiten en esta "maratón cibernética" se han avocado a la fabricación de androides que no solo se parezcan a los humanos, sino que también los sustituyan en algunas funciones.
Por ejemplo, se fabricó a Meart, un robot artista con un "cerebro" que utiliza neuronas de rata, el cual fue creado por científicos australianos y estadounidenses, y que, con tres marcadores de colores, dibuja sobre una hoja en blanco, en la Universidad de Australia Occidental.
Y que decir de una aspiradora robot lista para facilitar el trabajo de cualquier ama de casa, la cual ya se vende en el Reino Unido a un "módico" precio de $1.500 (poco más de ¢600.000)
La Trilobite sin cables y muy poco parecida a un ser humano, de la empresa británica Electrolux, utiliza un sistema de radar con ultrasonido para evitar chocar contra los muebles y elegir el mejor camino para limpiar cualquier habitación.
Y la lista de androides es larga: futbolistas, cantantes, bailarines, fotógrafos, grabadoras...
Por supuesto que no podían faltar las mascotas para acompañar a los "relegados" seres humanos. Para ello se ha creado toda una serie de "animalitos", en las más diversas versiones.
En la guerra y en la TV
Lejos de los que ya se ha creado, la invasión parece que seguirá, pues la imaginación científica no tiene límite. Tanto que ya algunos están proponiendo que el soldado del futuro saltará edificios, sanará sus propias heridas y podrá hacerse invisible mientras le rebotan las balas que le dispare el enemigo, todo porque será un robot.
Eso sí, primero hay que diseñarlo y construirlo, y, en ese sentido, el ejército de Estados Unidos eligió al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) para el desarrollo del soldado robot, el Robocop del futuro.
Se hará a través del Instituto de Nanotecnologías para Soldados (ISN), entidad creada al amparo del MIT, para este propósito, con una dotación de $50 millones (más de ¢20.300 millones).
"Imagínese el impacto psicológico sobre un enemigo que tendría el encontrar escuadrones de guerreros aparentemente invencibles, protegidos por un blindaje, y dotados de capacidades sobrehumanas, como la posibilidad de saltar sobre paredes de más de cinco metros", consideró el profesor Ned Thomas, del ISN, en una entrevista de Internet.
Pero eso tampoco es todo: hasta cubrir las guerras en las que participen esos Robocops del mañana será más fácil pues, aparentemente, el corresponsal de guerra electrónico pronto hará su aparición.
Un robot que podrá llegar a los lugares más difíciles también está en pleno desarrollo en Estados Unidos.
Molesto por la calidad de muchos de los reportajes enviados desde Afganistán, el director del Computing Culture Club del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), Chris Csikszentmihalyi, decidió crear al periodista perfecto, por lo que pronto podría aparecer en las pantallas de la televisión diciendo algo como "así está la situación, desde el pleno campo de batalla".