Sudáfrica tiene 1.200.000 kilómetros cuadrados, o sea 24 veces más grande que Costa Rica; sus vecinos son Namibia, Botsuana, Zimbabue, Mozambique y Suazilandia. Curiosamente, Sudáfrica rodea completamente a otro país: Lesoto, y tiene tres capitales: Ciudad El Cabo (legislativa), Pretoria (administrativa) y Bloemfontein (judicial).
Su población es de casi 50.000.000 de personas y sus idiomas oficiales incluyen el afrikáans, el inglés y 11 lenguas originales. Su moneda es el rand. Historia antigua: Los primeros hombres surgieron hace 2 a 3 millones de años en el centro-occidental de África y desde ahí poblaron el resto del planeta.
En el 2010 se descubrió en Sudáfrica una nueva especie: el Australopithekus sediba, cuyos fósiles provienen de hace 1,9 millones de años. Como en otras comunidades prehistóricas, los humanos que poblaron ese país dejaron pinturas rupestres en las cuevas de Bushmankloo y de Cederberg.
Las antiguas tribus tenían sistemas sociales bien estructurados, con reyes poderosos y guerreros expertos en el arte de la guerra. Los idiomas hablados en el sur provenían del antiguo bantú.
Siglo XVII. Llegada de los europeos: Desde el descubrimiento de América, las monarquías europeas comenzaron a dividirse el mundo, y a Holanda le quedaron pocas oportunidades de conquista. Por eso, en 1602, los holandeses crearon la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, un verdadero Estado dentro del país. Dicha empresa poseía barcos de guerra poderosamente artillados y una inmensa flota con la que trasladaban las especias desde el lejano oriente, uno de los pocos comercios dejados para ellos. Durante el largo viaje, en el que debían atravesar el cabo de Buena Esperanza, las tripulaciones sufrían escorbuto.
Para combatir el mal que diezmaba a sus marinos, la Compañía Holandesa decidió enviar a un grupo de jardineros a sembrar vegetales y frutas a mitad de la ruta entre los países de las especias y Holanda. El lugar escogido fue el sur de África.
El 6 de abril de 1652, tres carabelas a cargo de Jan Van Riebeek desembarcaron al pie de la Montaña de la Mesa, el lugar que llegaría a denominarse Ciudad El Cabo. Las tribus khois los dejaron utilizar los campos en los que pastaba su ganado.
Para entender la mentalidad de los desembarcados debemos remontarnos a 1517, cuando Martín Lutero dividió la cristiandad occidental. A partir de esa fecha, los protestantes holandeses se creyeron el pueblo elegido y Ámsterdam fue considerada la nueva Jerusalén. Muchos protestantes holandeses consideraban que ellos tendrían su Tierra Prometida por ser el pueblo escogido moderno.
Ese pensamiento predominaba en Van Riebeek y sus subalternos, fanáticos lectores de la Biblia y seguidores de Juan Calvino. Algunos de ellos veían a este como el visionario que aseguró que los holandeses harían grandes cosas en nombre de la fe.
Las órdenes de la Compañía Holandesa a Jan Van Riebeek incluían no mezclarse con las tribus ni comerciar con ellas. Simplemente debían sembrar y no emprender conquistas.
Debido a un naufragio frente a la Montaña de la Mesa con gran cantidad de esclavos de la India, Van Riebeek, contraviniendo las órdenes recibidas pero dándose cuenta que necesitaba mano de obra, incorporó los esclavos a su asentamiento. Cabe citar que algunos jóvenes holandeses llegaron a casarse por la iglesia con negras khois, lo que causó gran revuelo. Aún se dudaba si ellas podían ser cristianas.
Primera lucha. En ese ambiente se produjo la primera lucha contra los negros en el continente, debido a que los khois se rebelaron. La tribu fue masacrada con las armas de fuego de los colonos. En 1688, procedentes de Francia, llegaron varios hugonotes a la comunidad, y de inmediato se pusieron a sembrar vides para producir vino.
A pesar de tener las mismas creencias religiosas, algunos holandeses decidieron abandonar la colonia porque se sentían explotados al trabajar para la Compañía Holandesa por un salario fijo y además pagar impuestos. Por esta razón dejaron el asentamiento y se introdujeron en las inmensas praderas llamadas veld.
Primer viaje al interior: en 1688, los granjeros, deseosos de sembrar en terreno propio y de vender directamente sus productos a los barcos que se detenían en Ciudad El Cabo, hicieron carros con toldos, semejantes a los usados por los pioneros para atravesar los Estados Unidos.
Con ellos dejaron la colonia y se internaron en el desconocido veld. Antes de irse, dejaron claro que renunciaban a su nacionalidad holandesa, que en adelante se llamarían afrikaners y que hablarían un idioma inventado por ellos: el afrikaans. En su nueva lengua, los granjeros se denominaron bóers, que significa campesinos.
Al final de 1699, Ciudad El Cabo se había convertido en un centro de 50.000 habitantes, 50% de los cuales eran holandeses y hugonotes y el resto, esclavos.