Guatemala La belleza de sus rostros y la estética de sus cuerpos no tiene importancia, lo que cuenta es su forma de ver la vida, los ritos ceremoniales con los que veneran a sus dioses y las palabras con las que enaltecen a su etnia.
Es la gran noche de las indígenas. La noche en la que, bajo el oscuro cielo, se elige a una de las descendientes mayas como la Rabin Ajau o Hija del Rey. La noche en la que se le encomienda representar ante el mundo a todas las mujeres de su etnia como un símbolo vivo de pureza.
Diferente a lo que significan los concursos de belleza femenina tradicionales, en Guatemala la elección de la Hija del Rey es un acto sacro por excelencia, en donde la pureza de la raza, del idioma maya 29 dialectos existentes y del baile ceremonial, son aspectos de vital importancia para poder elegir a quien pasará a ser parte de la aristocracia maya.
Este año el sueño se le hizo realidad a Mercedes García, representante de la etnia Mam, quien fue investida con el titulo de noble.
Ella es una descendiente maya de 20 años de edad, estudiante del segundo semestre de derecho en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC).
En su discurso como la Rabin Ajau, Mercedes hizo un llamado a acabar con la discriminación y lograr la unanimidad de los cuatro pueblos existentes en Guatemala: mayas, mestizos, xincas y garífunas, a fin de lograr el equilibrio de la nación.
Antes de verse envuelta en el humo del copal y el olor de la glicerina de las candelas, Mercedes aconsejó a su pueblo a defenderse con inteligencia, con base en la democracia, la equidad y con un carácter multicultural.
La belleza no importa
En este evento indígena, que se realiza cada año, los rostros bonitos, la delicadeza de los cuerpos y la sonrisa espontánea no cuentan, porque las indígenas mayas son más bien de rasgos grotescos para los cánones de belleza occidentales: de pies grandes y desfigurados porque sirven para amoldar la tierra y manos gruesas y callosas de tanto moler el maíz desde que son niñas.
De ahí que el día de la elección a ninguna de las participantes le preocupa el maquillaje en su cara morena o lucir un peinado, porque lo más importante para ellas es agradar a los dioses, rendirles un tributo y ofrendarles el título en nombre de su pueblo.
Ataviadas con los g,ipiles ceremoniales que han sido religiosamente tejidos con formas de estrellas, flores, animales y objetos de la vida cotidiana, las descendientes de los mayas llegan al escenario cual diosas descritas en el libro sagrado de los mayas, el Popol-Vuh.
A su vestimenta, además, añaden el tocoyal, una especie de turbante en el que enrollan armoniosamente su larga cabellera lacia.
Con sus pies descalzos, el semblante serio, la mirada fija y sin titubear, las representantes de las diversas etnias mayas unas 20 suben al escenario una a una, se hincan y rezan en su lengua natal. Extienden los brazos hacia los cuatro puntos cardinales y con la vista hacia el cielo, las jóvenes indígenas suplican a cada uno de los 28 dioses mayas que las provean de valor y coraje para no defraudar a su pueblo.
Un pueblo que, a decir de Marco Alonzo, el anciano que creó el certamen, intenta con su participación mantener vivas las tradiciones, los ritos y creencias ancestrales de hace 2.700 años.
Mística elección
Kulul Kula (que en idioma maya significa anfitriona) recibe a las participantes a su arribo al escenario. Cada una camina frente a la mirada de miles de espectadores, envuelta en el dulce humo del copal (incienso) y el olor del pino.
Entra en una especie de trance y danza ceremoniosamente al compás de las notas de la marimba, para contar con sus movimientos alguna historia de su pueblo.
Al terminar la danza, su mensaje al público es lo único que se escucha en el lugar donde se efectúa la elección; esa es una prueba importante para la mujer maya pues debe dar su visión de la vida, lo que da la pauta al jurado para determinar el sentimiento y el pensamiento que tiene sobre su raza.
La población indígena constituye el 60 por ciento de los 11 millones de guatemaltecos.
Durante tres horas consecutivas, el escenario se convierte en una amalgama de misticismo y herencia ancestral jamás lograda en otro acontecimiento sacro en este país centroamericano y que solo puede ocurrir en Cobán, departamento de Alta Verapaz, ubicado a 200 kilómetros de la capital.
Conocido en los anales históricos como la ciudad de Carlos V, Cobán ha servido de escenario para la elección de la Rabin Ajau desde 1972. Este lugar fue fundado en 1543 y fue el primer sitio donde los españoles iniciaron una conquista pacificadora.
El jade y el maíz
Las mujeres indígenas participantes complementan su atuendo con joyas muy valiosas, como collares de plata, o aretes labrados de jade. Llevan en sus manos cruces de mazorcas de maíz negro, rojo, blanco y amarillo, mientras danzan en medio del incienso contando historias de amor, de traición o de conquista.
La mayoría de las jóvenes indígenas cuya edad promedio es de 15 años tienen un sueño en común: llevar sobre su larga cabellera negra la corona de plata.
"Es una joya que dignifica a su pueblo porque es un símbolo de la nobleza indígena elaborada con piezas originales que pertenecieron a los grandes reyes mayas", dijo Haroldo Caal, organizador de la elección.
Los aretes también son dos objetos deseados por las jóvenes indígenas. Elaborados de jade auténtico, las dos piezas no solo adornan el rostro de la Hija del Rey, sino que le recuerdan constantemente que lleva consigo la piedra que utilizaban sus antepasados para tallar las joyas de la nobleza.
El cetro que se le entrega a la Rabin Ajau es una monja blanca, la flor nacional. Los indígenas la consideran la representación de la diosa de la pureza. De ahí que sean únicamente las descendientes mayas, solteras y que viven con sus padres, las únicas que deben portarla en sus manos.
La ceremonia termina con el sonido de la chirimia (instrumento de viento que se utiliza en los rituales), y los mayas, con los brazos extendidos, elevan una plegaria a los dioses, queman incienso, besan la tierra y beben boj (licor ceremonial) para celebrar el nacimiento de la nueva Hija del Rey.