Para La Nación
Basada en el libro homónimo de James Bradley y Ron Powers, La conquista del honor ( Flags of our Fathers ) es la primera de las dos películas –junto a Cartas desde Iwo Jima – que Clint Eastwood ha dedicado a la batalla de Iwo Jima, una de las más sangrientas de la II Guerra Mundial. Sin duda, un paso más del director y productor oscarizado por Los imperdonables y Million Dollar Baby para consolidar una carrera que, aunque inicialmente se centrara en la interpretación, ha alcanzado la madurez tras la cámara, donde el cineasta californiano se ha destacado como uno de los nombres más importantes de las últimas décadas.
En palabras del propio Eastwood: “Aunque hubo películas con Iwo Jima en su título, ninguna realmente analizaba esta batalla, la más terrible de la historia del Cuerpo de Marines. Pero lo que me atrajo del proyecto era precisamente su vinculación con el libro, y el hecho de que no se trataba solo de una película de guerra. Ya he hecho varias como actor, pero la historia de estos soldados que alzaron la bandera me interesaba; sobre todo el análisis de cómo eran vistos en su país y por sus familias.”
Héroes. No en vano, el argumento de La conquista del honor gira alrededor de la vida de los tres soldados supervivientes de entre los seis que alzaron la bandera en la inmortal fotografía que Joe Rosenthal sacara el 23 de febrero de 1945 en el monte Suribachi de Iwo Jima, y que de vuelta en los Estados Unidos colaboraron con el gobierno para ayudar recaudar bonos para financiar la guerra.
De la noche a la mañana, estos tres jóvenes cambiaron de vida y se convirtieron en estrellas, algo que llamó la atención de Eastwood para rodar una película de guerra que en realidad es antibélica: “Creo que es una historia interesante para nosotros, para los japoneses –que en muchos casos desconocen el conflicto y esta batalla en concreto, como descubrí al trabajar con los actores de Cartas desde Iwo Jima – y para el público internacional, ya que la guerra es algo que hay que evitar, donde personas que podrían ser amigas intentan matarse entre ellas.”
La colaboración con James Bradley, coautor del libro e hijo de uno de los héroes del levantamiento de la bandera, fue fundamental a la hora de llevar el proyecto a buen puerto. “Tardé en entender por qué mi padre nunca hablaba de Iwo Jima, y entonces sentí la necesidad de escribir un libro. Casi 7.000 estadounidenses y 22.000 japoneses murieron en esa isla, por lo que entiendo que una experiencia así te marque”, explicó el escritor.
La verdad es que todo parte una celebre fotografía que tardó poco en dar la vuelta al mundo, y que todavía hoy –inmortalizada en un monumento situado cerca del cementerio de Arlington, en Virginia– es un símbolo de unidad. Según confiesa Eastwood: “La foto se realizó a los pocos días de iniciarse la batalla, cuando todavía quedaban las tres cuartas partes por delante; pero sirvió para representar una unidad por la que siempre he sentido curiosidad.”
Para entender. La falta de conocimiento del público sobre la historia fue uno de los motivos por los que Eastwood sintió necesario contar también la historia de la batalla de Iwo Jima desde el otro lado, desde la perspectiva japonesa, donde su general al mando optó por una estrategia sorprendente para defender la isla que prolongó y endureció la batalla más allá de los anticipado.
“Me interesaba la figura del General Kuribayashi”, reconoce Clint, “que optó por cavar túneles, con la consiguiente oposición de muchos de sus oficiales. Así que decidí rodar también Cartas desde Iwo Jima tras estudiar al personaje. Él era un amante de América y consideró que era un error entrar en guerra con Estados Unidos.”
El actor que encarna a Tadamichi Kuribayashi en el filme, rodado en japonés y galardonado con el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa, es Ken Watanabe, quien tras darse a conocer por su trabajo en El último samurái (con nominación al Oscar incluida), reafirma su talento y buena aceptación en Hollywood.
“Kuribayashi fue un general único y nada típico”, explica el actor japonés. “Un hombre muy inteligente y racional que había vivido en Estados Unidos, estudiado en Harvard y hasta atravesado el país en carro, allá por el año 1928. Así que tenía una buena relación con los estadounidenses, pero estaba obligado a luchar contra ellos”.
Reto. Watanabe trabajó duro para estudiar su personaje, un hombre que había pasado al olvido: “Llevé a cabo una detallada investigación, tanto de la guerra como del general Kuribayashi. Y hasta visité su pueblo natal, en el centro de Japón, solo para descubrir que nadie lo conocía. También ayudé a traducir el guion, trabajando codo con codo con Clint, que me consultaba cosas, lo que fue una experiencia inolvidable para mí.”
En el fondo, y como bien recuerda Watanabe: “Tanto en La conquista del honor como en Cartas desde Iwo Jima no hay héroes. Ambas películas describen distintas tragedias; pero con ambas perspectivas podemos comprender mejor lo acaecido. Y es que la verdad siempre tiene varias caras. La cierto es que fue un enorme logro haber rodado las dos películas.”
Además, el hecho de que prácticamente coincidan sus fechas de estreno en las salas de cine (en Costa Rica La conquista del honor se estrenó hace dos días y su contraparte en japonés lo hará a mediados de febrero) ofrece al espectador la oportunidad de conocer dos caras de una misma moneda.
Un mérito que recae, ante todo, en la figura de Eastwood, que ha logrado producir y dirigir las dos películas (además de componer la banda sonora de la primera), y que vivió de niño la II Guerra Mundial y la batalla de Iwo Jima.