Por Eduardo Davis
Sao Paulo, 28 nov (EFE).- La extradición hoy de Sergio Andrade, ex novio y ex empresario de la cantante Gloria Trevi, significó el fin de un auténtico culebrón mexicano que en suelo brasileño tuvo de todo: amor, cárcel, muerte, embarazos y hasta enigmas no resueltos.
Gloria Trevi, la joven que comenzó cantando en bares de camioneros en su México natal y llegó a ser una estrella de la música latinoamericana, llevaba un año con paradero desconocido cuando agentes de la policía brasileña irrumpieron en el apartamento en que se escondía en Río de Janeiro.
Ese 13 de enero de 2000 la cantante de las ropas rotas perdió el anonimato que la había protegido durante un año en Brasil, el único país de América Latina que no había conquistado con su música.
En el apartamento de la calle Domingos Ferreira del barrio de Copacabana Trevi vivía con Sergio Andrade y con su ex corista María Raquenel Portillo, conocida por el apodo de "Mary Boquitas".
Dos años atrás, los tres integrantes del llamado "clan Trevi" habían sido acusados de abuso y corrupción de menores por la justicia del departamento de Chihuahua y habían huido de México.
Durante ese tiempo estuvieron clandestinos en varios países de América Latina y, según precisó la policía brasileña, su última escala había sido en Argentina.
Otras fuentes sostienen que también estuvieron una temporada en Madrid, una ciudad que conoció las mejores épocas de la cantante, cuando el éxito le sonreía gracias a su enorme desenfado.
En el apartamento que Andrade había alquilado también fueron encontradas dos jovencitas argentinas, que habían llegado a Brasil junto con Trevi y sus compañeros, pero fueron liberadas y enviadas de regreso a su país.
También se descubrió que en ese apartamento había nacido un hijo de Trevi y Andrade, que murió con pocos días de vida, al parecer por asfixia.
Tras su detención, los miembros del "clan Trevi" fueron enviados a Brasilia, donde los ingredientes novelescos de la historia superaron los límites de lo rocambolesco.
En la cárcel en que fueron recluidos se vieron envueltos en una rebelión que acabó con un incendio parcial y en unas circunstancias nunca bien aclaradas Trevi quedó embarazada.
Alegó primero que su estado era producto de una violación, pero luego le atribuyó la paternidad del niño a un ladrón de oro detenido en la misma prisión, que además estaba enfermo de sida.
También llegó a declarar que se había "auto-inseminado" usando unas gotas de semen de Andrade que llegaron hasta su celda en el interior de un bolígrafo, una historia tan disparatada que hasta sirvió de tema para un desfile de carnaval en Brasilia.
Ante tanta y tan insólita versión, la policía decidió investigar y hacer exámenes de DNA a decenas de personas que estuvieron cerca de Trevi en la prisión.
Guardias, agentes y detenidos fueron examinados y el resultado fue que el padre de Angel Gabriel, que nació el 18 de febrero del año pasado, era nada menos que Andrade.
Lo que no se explica oficialmente hasta hoy, pues la historia del bolígrafo no se acepta, es cómo fue concebido el pequeño, ya que los detenidos no tenían derecho a relaciones sexuales.
Mientras todo eso ocurría tras las rejas, en los tribunales los defensores de los tres mexicanos interpusieron todos los recursos posibles para dificultar el proceso de extradición, que fue aprobada en diciembre de 2000 pero sólo comenzó a ser ejecutada dos años después, cuando Trevi fue enviada a su país.
Atrás dejó, además de una historia de novela, a un hombre que aún la recuerda: el diplomático brasileño Cesario Lopes de Alexandria, un admirador que la visitaba en prisión y hasta se dijo dispuesto a casarse con la mujer que lo cautivó con su "peregrina belleza".
"Mary Boquitas" fue extraditada en marzo pasado y hoy le tocó el turno a Andrade, quien también deja un amor en Brasil: Silvia Beez, una gestora que trabaja con los defensores que durante tres años le ayudaron a postergar la hora de enfrentar a la justicia mexicana. EFE
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