Uno de los aspectos a discutir en el decimotercer Congreso Planetario de Exploradores del Espacio es el futuro de la exploración espacial. Y una de las propuestas más interesantes es el llamado a continuar y expandir la cooperación internacional entre las grandes naciones desarrolladas, en general, y de las dos superpotencias -Estados Unidos y Rusia- en particular.
Tal cooperación es importante y significativa no solamente porque haría posible compartir los enormes costos de la exploración espacial, evitando el peligro de que corten las fuentes presupuestarias ante su elevado monto y el requerimiento de invertir en otras necesidades más terrenas, sino porque nos enfrenta con una situación más acorde con la naturaleza de la actividad científica: su carácter de empresa compartida. Empresa compartida por los científicos en cuanto individuos y que ahora se extiende a las naciones.
Además, esta novedosa colaboración en la exploración espacial nos aleja de aquella etapa de la carrera espacial, en la que los científicos y tecnólogos se sometieron a los intereses políticos y propagandísticos de sus respectivas naciones. Una carrera espacial que buscó dividendos para las concepciones políticas antagónicas en el contexto de la Guerra Fría y se olvidó de la dimensión de comprensión, que es tarea básica de la ciencia, y del beneficio de la especie humana, razón de ser de la tecnología.
La exploración espacial compartida significa para la humanidad acercarse a su sueño-meta de aventura y conocimiento. Aventura, pues los viajes espaciales satisfacen la profunda necesidad de conocer y visitar lo lejano y desconocido. De conocimiento, puesto que se acerca a la comprensión de la estructura y origen de nuestro sistema solar, galaxia y universo. Todo ello hace que sea más emocionante pertenecer a esta especie humana, muchas veces destructiva, pero ahora cooperadora y solidaria.
* Catedrático de Filosofía e Historia de la Ciencia en la Universidad de Costa Rica y en el Instituto Tecnológico de Costa Rica.