Personaje ficticio, consejos reales
Soy un tipo con suerte. Eso me han dicho y yo lo he corroborado. Hace unos meses formaba parte de la lista de desempleados de este país y temía no encontrar trabajo debido a la crisis financiera.
Tengo 35 años de edad, una familia que mantener, deudas en mis tarjetas de crédito y muchos sueños por realizar. Mi fuerte es el servicio al cliente; carezco de título universitario, pero sí algunos certificados que he obtenido en institutos y me caracterizo por ser una persona con grandes deseos de superación.
En el inglés, ando medio renco, pero digamos que soy bastante bueno con el español; me conocen por ser un orador consagrado.
El asunto es que estaba desesperado y, antes de saltar al vacío, tomé la mejor decisión de mi vida. Busqué consejo y traté de poner en práctica las recomendaciones de la señorita Evelyn Meléndez Murillo, de la empresa
Ella me explicó, con lujo de detalles, cómo hacer el famoso
Según esta experimentada asesora, el
Me dijo que debe ser redactado de manera tal que resaltara mis capacidades para ocupar un puesto determinado y que lo escribiera tomando en cuenta la empresa a la que iría dirigido.
Asimismo, me explicó que existen diferentes tipos de
Para facilitarme la existencia, la señorita me ayudó a estructurar el mío y así lo ordenamos:
De forma muy vehemente, Evelyn me advirtió que a la hora de redactar y presentar mi
En la redacción, hay que evitar el pronombre “yo”. Y jamás debe firmarse. Debe llevar una fotografía reciente de uno, de tamaño de pasaporte.
Obviamente, seguí al pie de la letra las recomendaciones y, gracias a Dios, obtuve respuesta. Tras 15 días de ansiedad, me llamaron de una de las tantas empresas en las que dejé mi hoja de vida. ¡Querían entrevistarme! Otra vez, comenzó mi sufrimiento, pero Evelyn, muy amable, volvió a tenderme la mano.
Ella, que sabe bastante de este tema, me dijo que practicara con familiares o amigos para responder con agilidad las preguntas que muy probablemente me harían. Casi los vuelvo locos a todos en la casa, pero la técnica es una maravilla. Uno gana confianza.
Entre las preguntas infaltables se encuentran: ¿Por qué desea este puesto? ¿Cuál es su experiencia? ¿Por qué cree que usted es la persona indicada? ¿Cuánto espera ganar? ¿Está dispuesto a trabajar en cualquier horario y día de la semana?
Por cualquier eventualidad, quise guardar, como un tesoro, un papel que me facilitó Evelyn con una serie de reglas para el momento de la entrevista. ¿Quieren repasarlas conmigo?
Hay que presentarse lo más natural posible, sin intentar dar la impresión de ser alguien que uno no es, pues el entrevistador detectará cualquier imagen falsa y sentirá desconfianza.
A la hora de contestar, sea sincero y tome como base los datos del
Es importante obtener información sobre la empresa y el puesto antes de la entrevista, para saber por dónde irán orientadas las preguntas y cuáles serían las mejores respuestas.
La entrevista comienza en el momento en que uno entra al edificio, por eso, procure ser puntual (llegar un cuarto de hora antes es lo más recomendable), pero no se muestre impaciente ni nervioso. Si lo necesita, practique algunos ejercicios de respiración para relajarse.
Es básico vestir correctamente, de acuerdo con el puesto y la empresa en cuestión. Por lo general, los
Comience la entrevista con una actitud positiva. El contacto visual es clave; por eso, los anteojos de sol están totalmente prohibidos. Tampoco se recomienda mascar chicle, chupar pastillas, ni fumar, aunque sea el mismo entrevistador quien ofrezca los cigarrillos.
Es apropiado esperar a que el entrevistado le indique que ya puede tomar asiento. No lo haga antes. Cuide la postura durante toda la entrevista. No conviene apoyarse en la mesa ni invadir el espacio de la otra persona. Coloque los pies en el suelo y no mueva las piernas de modo nervioso.
Si el entrevistado le ofrece la mano, désela, pero no la apriete demasiado. Es importante manifestar interés, mirar al entrevistador a los ojos, asentir con la cabeza cuando él explique algo y jamás interrumpirlo o ponerse a hablar mal de otras compañías o de antiguos jefes.
Uno debe concentrarse en las cualidades personales y los conocimientos para el puesto, pero no sin exagerar en las habilidades.
Entre los implementos que hay que llevar a la entrevista se encuentran: el
Si no comprende alguna pregunta, mejor pedir una aclaración. No se apresure a decir lo primero que se le venga a la cabeza.
Deje el asunto salarial para el final. De lo contrario, dará la impresión de que eso es lo único que le interesa del trabajo.
Al terminar, ya en su casa, es bueno apuntar las preguntas que le hicieron en esa empresa, para ir mejor preparado a otras entrevistas.
Seguramente todo lo hice muy bien el día de mi entrevista, porque una semana después me llamaron para decirme que el puesto era mío. Y aquí estoy, acomodándome todavía a mi nuevo empleo, a mis compañeros y al jefe, que parece ser muy estricto.
Sé que cuento con la ayuda de Evelyn para cualquier cosa, pero para no abusar de sus buenas intenciones yo también he buscado asesoría en otros sitios sobre el tema de las relaciones laborales. Deseo llevarme bien con todos en la oficina. Por eso, navegando en Internet y ojeando algunos libros, me encontré otras sugerencias que intento poner en práctica a diario.
Por ejemplo, de acuerdo con un artículo de la periodista María Jesús Ribas, de la agencia EFE, para crear un buen ambiente laboral se debe procurar:
No llegar de mal humor a la oficina. Aunque uno haya tenido una mala mañana o esté atravesando una situación personal difícil, los otros no tienen por qué pagar las consecuencias. Una sonrisa siempre ayuda.
Si descubre que su actuación no es la correcta, intente modificarla. Sea receptivo si alguien se queja de su proceder.
Intente observar los aspectos positivos de las personas con quienes comparte el espacio; no se concentre únicamente en sus defectos.
Permítase conocer a otros compañeros, no solo a los mismos de siempre. De ellos podría obtener valiosos aportes.
Cuando muestre interés por la vida personal de alguien en la oficina, sea sincero. Esté dispuesto a tenderle la mano si el caso lo amerita. Deje de lado actitudes negativas como el aislamiento, llegar tarde, incumplir las promesas, hablar de forma soberbia o agresiva, hacer bromas pesadas o hablar mal de las personas que no están presentes.
Ahora bien, si llegara a toparme con algún compañero de trabajo complicado (egocéntrico, chismoso, envidioso, agresivo, criticón), ya me estoy preparando para utilizar la siguiente estrategia: contar hasta diez, armarme de paciencia, intentar ponerme en los zapatos de esa persona, agotar la vía del diálogo y no caer en la trampa de darle más importancia de la que el asunto tiene, mantenerme a distancia de ese individuo y fijar límites.
Con los jefes difíciles, las recomendaciones que encontré en la página
Véanlas: Intente conversar con su jefe cuando se sienta incómodo con alguna situación. Hable de frente, no tome las cosas de manera personal.
Trabaje para su jefe, no contra él. Sea activo y respetuoso a pesar de su disconformidad.
Si necesita abordar un asunto incómodo o quisiera explicarle un nuevo proyecto y no encuentra el espacio en la oficina, intente conversar con su jefe en otro lugar, como por ejemplo, un restaurante o cafetería.
Si nota que nada de lo que usted hace hace mejorar la relación, entonces analice la posibilidad de hablar con el superior de su jefe.
En caso de que la situación se le torne insostenible y usted se sienta desesperado, reconsidere cambiar de área de trabajo, de puesto o de empresa. Después de todo, su tranquilidad vale oro.
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