Cuando el sufrimiento hiere humanidades, la esperanza siempre encuentra un espacio y puede venir arropada en el canto. Más que un lamento, ese canto es capaz de prolongar la voluntad de vivir y la canción es denuncia de la crueldad humana.
Exactamente esto es lo que se propone el filme Un canto de esperanza (Camino al paraíso) con una historia acerada sobre el sufrimiento humano: el de un grupo de mujeres de distintas nacionalidades metidas por los japoneses en un campo de concentración en Sumatra, en 1942.
En Sumatra, las mujeres deben aprender que la guerra no solo es una estupidez humana, sino que es expresión fehaciente del horror dentro de la más ignominiosa hipocresía política, tal el rigor criminal que se vive en los campos de concentración.
Así, ellas buscarán los modos para sobrevivir, para vitalizar el aliento y llenar de orgullo femenino sus propias miradas. Es cuando una de las prisioneras, Adrienne Pargiter (Glenn Close), formará un coro para mantener la unidad de las prisioneras, para superar sus propias disensiones y sostenerse frente a la crueldad.
Adrienne encontrará un enorme soporte en la iniciativa de una misionera australiana, Margaret Drummond (Pauline Collins), y el coro se convertirá en eje de los sucesos. Precisamente esta historia está basada en hechos reales que tienen que ver con un capítulo poco conocido de la Segunda Guerra Mundial: la captura de europeos, estadounidenses y australianos por parte de los japoneses en los acontecimientos del lejano Oriente.
Pentagrama vital
Lo más interesante es que el coro de mujeres no se dedica a canciones populares, sino que recurre a la expresión de la música académica, clásica, como hálito de vida en las rigurosas condiciones que deben enfrentar, siempre de cara a la muerte. La sinfonía Nuevo Mundo de Anton Dvorak, compositor checo, da lugar a la esperanza.
Cuando se piensa en largometrajes sobre campos de concentración asiáticos, saltan títulos como El puente sobre el río Kwai (1957, de David Lean) o El imperio del Sol (1987, de Steven Spielberg). Solo que ahora Un canto de esperanza recurre a la presencia femenina como rigor de la historia.
La película está dirigida por el australiano Bruce Beresford, de quien han llegado cintas como Crímenes del corazón (1986), Mi testigo preferido (1987), la oscarizada Conduciendo para la señorita Daisy (1989), Yo soy el señor Johnson (1991), El niño testigo (1994) y Último recurso (1995).
Un canto de esperanza tiene un guión escrito por el propio Beresford y se basa en entrevistas a sobrevivientes de esa época o a familiares de ellos, también en documentos que se encuentran en bibliotecas.
La actriz Glenn Close expresó en un momento: “Formar parte de Un canto de esperanza me conmovió por las historias de las mujeres que no solamente prevalecieron, sino que triunfaron al enfrentarse ante una crueldad indescriptible, al trabajo duro y a la insanidad de la guerra”. Este es el eco de un canto que ahora se entona en la Sala Garbo.