
El Manierismo fue un estilo artístico europeo con inicios italianos. Surgió como una reacción anticlásica contra el ideal de belleza del Alto Renacimiento. Recordamos hoy a Giuseppe Arcimboldo (1530-1593), quien produjo una obra simbólica e intelectual cuya versión de la realidad le reservaría un lugar privilegiado dentro Manierismo.
Arcimboldo es memorable por sus creativos retratos compuestos de frutas, verduras, animales y otros objetos. Al pintarlos, ofrecían dos puntos de vista: la de los objetos independientes, y la de la figura completa que formaban.
Las series más famosas del artista serían las obras alusivas a las cuatro estaciones y a los cuatro elementos. En ambas series escogió objetos típicos tanto de las estaciones como de los elementos. Representó así hipotéticos rostros; por ejemplo, las flores componían la primavera; las hojas caídas, el otoño, y las aves, el elemento del aire.
En la última etapa de su vida, Arcimboldo ejecutó el Retrato del emperador Rodolfo II (1590) para la corte de Praga, concebido bajo el nombre de Vertumno en alusión al dios de la mitología romana de origen etrusco que representaba la abundancia de la cosecha en todas las estaciones.
El artista escogió celosamente los componentes para representar al emperador: los melocotones son la antesala de un rostro lozano y lleno de vida, las espigas de trigo y los racimos de uvas en forma de corona evidencian la superioridad del cargo, y las flores adornan sutilmente el pecho del personaje. La obra se envió de Milán a Praga junto con un poema celebrativo de Gregorio Comanini, quien escribió:
“Mira la manzana. Mira el melocotón: cómo se me ofrece en ambas mejillas, redondos y llenos de vida. Fíjate en mis ojos, de color cereza uno, el otro de color de mora. No te dejes engañar: es mi cara”.
Entre retratos alegóricos y naturalezas muertas, las pinturas de Arcimboldo parecen anticipar las vanguardias del siglo XX. Especialmente, fueron de gran influencia en los surrealistas, como en el español Salvador Dalí.