“Como un símbolo de la resolución de Estados Unidos, mi administración trabajará para mostrar al mundo que reconstruiremos la ciudad de Nueva York”. De pie frente a los miembros del Congreso, aquella mañana del 2001, el presidente George W. Bush pronunció cada palabra con más fuerza que la anterior.
Su discurso marcaba el renacer del país luego del ataque terrorista del 11 de setiembre, que destruyó los 110 pisos del World Trade Center y dejó miles de víctimas bajo sus escombros.
La reconstrucción de la ciudad se convirtió entonces en un proyecto nacional al que se destinaron millones y millones de dólares, pero que en la última década ha avanzado dando un paso hacia adelante y dos para atrás.
Con el corazón herido, los estadounidenses se propusieron levantar cuanto antes la imagen de la Gran Manzana, sobre todo el sitio donde ocurrieron los atentados, llamado desde entonces “zona cero”.
La limpieza de un millón y medio de toneladas de escombros tardó ocho meses; no obstante, la reconstrucción de los enormes rascacielos que alguna vez poblaron el lugar no vino de inmediato.
Para este décimo aniversario, solo estará construida una parte de todo el complejo inmobiliario destinado a rendir homenaje a las víctimas y convertirse en el nuevo centro de negocios de Manhattan.
“La sensibilidad de los familiares de las víctimas, la dispersión de competencias, los intereses del magnate Larry Silverstein, que alquiló las torres dos meses antes del atentado, y, sobre todo, el dinero que mueve este asunto ($4.500 millones en indemnizaciones y $12.000 para la reconstrucción) han sido algunos de los escollos durante todos estos años”, explica un artículo del diario español
El primer obstáculo comenzó a gestarse seis semanas antes del ataque terrorista, cuando la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey le arrendó el World Trade Center a Silverstein.
Cuando el impacto de las aeronaves derribó las Torres Gemelas, los seguros que el magnate había contratado para ellas y los otros cuatro edificios del complejo eran tan recientes que aún faltaban algunos detalles.
Fue en el 2007 cuando se resolvió el litigio con las aseguradoras y el pago de $4.550 millones dio un empujón inicial bastante tardío.
Aunque fuera lentamente, las cosas comenzaron a avanzar. En el 2008, el nuevo alcalde de Nueva York subió a $3.000 millones el presupuesto de las obras.
Sin embargo, a la creciente frustración ciudadana por el atraso en las obras se sumó la crisis económica y el proyecto volvió a su paso de cangrejo.
En el 2003, se abrió un concurso para determinar qué se construiría en los 65.000 metros cuadrados de espacio dejado por el World Trade Center. Cerca de 5.000 ideas fueron presentadas y, finalmente, el ganador fue un proyecto titulado “Ausencia Refleja”, propuesto por los arquitectos Michael Arad y Peter Walker.
El memorial está centrado en el espacio que ocupaban las Torres Gemelas, cuyas huellas se convertirán en dos piscinas gigantes, flanquedas por cortinas de agua y paredes de bronce con los nombres de las 2.983 personas que murieron aquel martes.
A su alrededor se levantarán un museo subterráneo, un intercambiador de transportes (que incluye 13 líneas de metro y trenes de cercanías) y cinco rascacielos, dedicados al comercio, el arte y la cultura. A la cabeza de ese quinteto de gigantes estará la Torre de la Libertad, una mole de 104 pisos que se convertirá en el edificio de oficinas más alto del mundo. Bautizado como el World Trade Center 1, el edificio estará formado por cuatro torres con forma de rombo y aunque pareciera tener cuatro costados, en realidad tendrá ocho.
“El techo esté girado en 45 grados respecto de su base. Los 417 metros del edificio igualarán la altura de la torre norte de las Torres Gemelas y desde ahí, una antena forzará la altura del edificio hasta los 541 metros, es decir, 1.776 pies, en referencia al año de la Declaración de Independencia de Estados Unidos”, describe una amplia crónica del diario uruguayo
La construcción de la Torre de la Libertad comenzó en el 2006, año en que la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey asumió como promotor del proyecto y dejó las obras en manos de la empresa Tishman Construction Corporation.
Pero, a la fecha, la Torre lleva construidos 85 de sus 104 pisos y es, junto con el World Trade Center 4 (que ya alcanza un avance de 44 de los 72 pisos que tendrá), las únicas de las cinco torres del proyecto que se observan en la silueta neoyorquina.
“De la número 2, solo están listos sus cimientos; el espacio de la número 3 lo marcan unas grúas que inician los primeros trabajos, y la 5 está suspendida por el momento”, agrega el artículo de
Únicamente, el memorial formado por las dos piscinas, de 4.000 metros cuadros de superficie y nueve metros de profundidad, y la mayoría de los 400 árboles sembrados en el parque que rodea el monumento, estarán listos para el décimo aniversario de los atentados. El Museo del 11 de setiembre será inaugurado hasta el 2012.
No todo son malas nuevas. Diez años después de que dos aviones comerciales destruyeron las Torres Gemelas, el barrio donde se erigían los dos rascacielos recibe a 9 millones de turistas cada año.
Junto al edificio del Times Square y la icónica Estatua de la Libertad, la llamada “zona cero” es una escala obligatoria para todo aquel que visite la ciudad.
Aunque la Gran Manzana está llena de atracciones, la mayoría de los turistas quieren ver con sus ojos el lugar donde algunas vez estuvo el World Trade Center y, a su manera, rendirle homenaje a las miles de víctimas que cobró el atentado.
El atractivo de la zona es tal que antes de los ataques terroristas solo había seis hoteles y 2.300 habitaciones en el bajo Manhattan.
A la fecha, la primera cifra se ha triplicado y la segunda, casi ha aumentado otro tanto.
Los locales crecen entorno a la zona cero, donde decenas de turistas hacen fila todos los días, desde muy temprano, para ver las obras de construcción que se quedarán por el barrio al menos hasta el 2016.
Sin embargo, la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey prometió que el complejo inmobiliario será mucho más sofisticado, impresionante y seguro que las Torres Gemelas destruidas hace una década.
El mejor ejemplo, para ellos, es la Torre de la Libertad, en cuya construcción no se ha ignorado la posibilidad de otro atentado.
“Su base es un imponente cubo de cemento de 57 metros de altura, capaz de resistir el impacto de una autobomba. Pensando en la pesadilla del 11 de setiembre, los escapes tienen el doble del ancho exigido por los códigos de construcción, hay puntos de reunión para la huida en cada piso y los bomberos tienen sus propias escaleras de acceso.
“Habrá un sistema especial de comunicaciones de emergencia, el sistema de aire será capaz de filtrar componentes químicos y biológicos del aire, y los ascensores estarán protegidos de incendios por una estructura propia.
“Tendrá los mismos estándares de seguridad que poseen las embajadas norteamericanas en países hostiles”, concluye la crónica.