El proyecto se llama Red de Formación y Contacto para la Danza Conservatorio El Barco. Aunque el nombre es largo, el bailarín y coreógrafo Jimmy Ortiz confía en que muy pronto la gente comenzará a llamarlo simplemente El Barco ; y eso es precisamente lo que él quiere.
"Estamos hablando de los nuevos tiempos y tenemos que volver al significado humano de las palabras", explica Ortiz, quien desempeña el rol de director general y pedagógico de la institución. " El Barco le da a los muchachos un sentido más divertido y poético, con más alcance", añade.
Desde principios de marzo, 34 jóvenes talentos entre los 17 y los 24 años, reciben clases de danza de forma gratuita, de lunes a sábado, inmersos en un programa de estudios multidisciplinario que pretende brindarles, durante un período de poco más de dos años, una formación artística integral. A las audiciones, que se realizaron a finales de febrero, acudieron más de 80 aspirantes.
Giros radicales
Este ambicioso proyecto pedagógico tomó forma en el Taller Nacional de Danza (TND) una de las instituciones adscritas del ministerio de Cultura, Juventud y Deportes (MCJD) y se materializó este año, en sus instalaciones. Según Ortiz, esto no cambia el sentido original del TND, sino que más bien lo hace crecer. "Es una renovación institucional", dice el conocido coreógrafo, exdirector del grupo Losdenmedium. "El movimiento dancístico nacional requería de un espacio de formación diferente, alternativo, pues aunque existen instituciones de formación, el perfil particular del Conservatorio no competirá con las otras instituciones sino que será complementario", agrega.
El documento en el cual Ortiz basó su propuesta, que finalmente fue acogida y apoyada por Guido Sáenz, el actual jerarca del MCJD, se llama Taller Nacional de Danza-Espacio de Formación para los Nuevos Tiempos, y es una especie de diagnóstico del medio dancístico nacional con su debida propuesta.
El cuerpo pensante
"El Barco es un concepto de formación experimetal; es un lugar de encuentro para la danza nacional e internacional, pues estoy convencido de que Costa Rica se convertirá en el punto rojo de la danza latinoamericana", afirma Ortiz, convencido.
Para Ortiz, la creación de un conservatorio posmoderno como El Barco con un programa curricular móvil, abierto y flexible, que no se apegara a una estructura muy rígida, era imprescindible en nuestro país, dadas las condiciones del medio.
Así, los nuevos estudiantes reciben, además de los cursos anuales de ballet y danza contemporánea, cursos de improvisación teatral, de canto y movimiento, de la relación entre la cámara y el cuerpo, de tecnología y danza, y de la música y el cuerpo, entre otros.
Aunque la primera convocatoria lanzada en febrero dio excelentes resultados, el hacer nuevas audiciones dependerá del aumento del presupuesto para el año 2004, adelantó Ortiz. Del actual monto de ¢29 millones, ¢20 son para pagos administrativos.
Actualmente, el conservatorio cuenta con un equipo de 7 profesores, que cambian cada 3 o 6 meses. Sin embargo, al año pueden pasar unos 25 profesores, además de los invitados internacionales.
"Todos los artistas nacionales están invitados a participar. La idea es que todos los bailarines y coreógrafos presenten sus propuestas de trabajo, pues este es un lugar de encuentro y no queremos productos finales, nos interesa el proceso", comentó Ortiz.
A los hechos
Uno de los programas especiales que tendrá El Barco será el denominado Contacto Internacional, que este año contará con la participación de 5 maestros extranjeros invitados. De ellos, actualmente se encuentran en el país el francés Dominique Mercy y el venezolano Fernando Suels, ambos con una amplia trayectoria, además de ser miembros activos de la compañía alemana Tanztheater Wuppertal, de la renombrada Pina Bausch. Mercy es cofundador de la compañía, en el año 1971, y Suels trabaja allí desde 1995. Durante dos semana, el francés impartirá un taller de danza contemporánea y el venezolano otro de improvisación. "Nuestro objetivo, a través del trabajo con artistas extranjeros, es justamente poder recrear y cuestionar internamente lo que hacemos, por qué bailamos", explicó Ortiz.