
Más de 16 siglos después de la abolición de los Juegos antiguos, los campeones olímpicos vuelven a lucir en Atenas la corona de olivo, el kotinos , único trofeo de sus lejanos predecesores.
En nuestros tiempos, los tres medallistas de cada prueba –oro, plata y bronce– tienen derecho a ese honor, mientras que en la antigua Olimpia solo los primeros recibían la corona.
La costumbre fue aparentemente instaurada en el año 752 antes de Cristo, a raíz de un oráculo de la Pitonisa de Delfos.
En el pasado, la tarea de buscar el olivo recaía en un adolescente. Ahora, cada mañana, varios empleados del Comité Organizador (ATHOC) van a cortar las ramas, según el número de finales, para que las hojas estén frescas sobre sus cabezas.
El regreso de la corona de olivo fue decidido desde hace tiempo por el ATHOC para recalcar la filiación histórica de los Juegos, y rendir así homenaje a la diosa de la ciudad.
Según el mito, Atenea se aseguró la tutela de la ciudad antigua frente a Poseidón, el dios del mar, ofreciendo a los atenienses este árbol nutritivo que luego se volvió sagrado.
Según el ATHOC, la antigua costumbre no había sido resucitada hasta ahora. Ni siquiera para los primeros Juegos modernos que también se celebraron en Atenas, en 1896.
La rama de olivo, símbolo de la paz, tiene desde hace tiempo un papel en el olimpismo moderno, al ser levantada por la “sacerdotisa” durante la ceremonia de encendido de la llama, en Olimpia, y llevada al lado de la antorcha por los relevistas.
Antes de que llegara a la cabeza de sus huéspedes más eminentes, el ATHOC ya había escogido como emblema un kotinos –corona de olivos– estilizado.
Los organizadores también rindieron homenaje al árbol que modeló todo el paisaje griego eligiendo como antorcha olímpica un modelo concebido por un diseñador griego que es una unión de metal y madera de olivo.
Desde el campo
Todas las coronas de los campeones proceden del Parque de los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) en el barrio ateniense de Goudi, donde los dirigentes olímpicos plantaron árboles en 1997.
La única excepción serán los kotinos de los vencedores de la maratón. Para imponer la tregua olímpica a dos localidades cretenses que se disputaban, desde hace años, el honor de poseer el olivo más antiguo del mundo, los de esa mítica prueba serán cortados de cada uno de esos árboles de sus pueblos.
Según el ATHOC, a los participantes en los Juegos les encantan esas sencillas coronas de color gris-verde, que también llevaron varias delegaciones durante el tradicional desfile de la ceremonia de apertura.