Tradicionalmente, se han citado datos de la recaudación tributaria como porcentaje del PIB para argumentar que en Costa Rica la carga impositiva es baja. Se ha señalado que dicho indicador ronda el 23% y se le compara con el 35% de los países de la OCDE. Recientemente, algunos han argumentado que dicho indicador es inadecuado, insinuando que se debe sustituir por la tasa efectiva impositiva que pagan las empresas (TTR o total tax rate ). Este indicador es presentado en el informe del Banco Mundial Pagando impuestos . Con esta otra medida, Costa Rica (con un 55%) se colocaría por encima de los países de la OCDE (con un promedio ponderado del 48%).
Ciertamente, el indicador de la carga tributaria tiene problemas, pero de ahí a reemplazarlo por la TTR hay mucha diferencia, pues esta medida presenta problemas mucho más graves. Para calcular la TTR, el informe utiliza un estudio de caso. Es decir, se plantea una compañía hipotética con características muy específicas y se calcula la TTR respectiva, luego se le asigna este indicador a todo el país. Algunas de las características que tiene dicha empresa son: produce macetas de cerámica, no califica para incentivos de inversión, tiene 60 empleados y tiene un margen bruto del 20%. Esta serie de supuestos importantes hacen que el indicador sea muy específico y poco adecuado para analizar la estructura tributaria de un país entero.
Dejando de lado estos problemas, hay objeciones más serias. La TTR es la suma de tres componentes: impuestos a las ganancias, “impuestos” laborales y otros impuestos. En cuanto al primer rubro, que es bastante estándar, Costa Rica tiene una tasa de 18%, comparada con un promedio ponderado de 23% para los países de la OCDE. La tercera categoría, otros impuestos, representa un porcentaje pequeño tanto para CR como para los países de la OCDE, pues se sitúa alrededor de un 6%.
El segundo componente, “impuestos” laborales, es el que presenta problemas, pues su definición varía según el país. En él se incluyen –si en el país analizado existen– los pagos que hacen los patronos a la seguridad social. Esto resulta inadecuado, pues en algunos países, como Costa Rica, los patronos contribuyen con un porcentaje sobre el salario de cada trabajador para los diferentes regímenes de la seguridad social, mientras que en otros países, por ejemplo EE. UU., estos regímenes son menos importantes o inexistentes.
Esto significa que se estarían comparando manzanas con peras; es decir, en ambos países los empleadores contribuyen para contratar servicios de salud, pero en Costa Rica esa contribución se incluye en los “impuestos” laborales, por ser el régimen público, mientras que en EE. UU. no se incluye, por ser el régimen privado. Esto nos explica por qué Costa Rica tiene una tasa de 29% en este rubro comparado con un promedio para la OCDE de 19%. El propio estudio del Banco Mundial señala que las cargas laborales solo calzan con la definición de impuestos cuando “no son utilizados para el beneficio directo de los empleados y por lo tanto no proveen ninguna retribución directa a la compañía”. Y apunta que cuando estos requisitos no se cumplen: “el tratamiento como un impuesto puede ser inapropiado”. Cualquiera que conozca el sistema costarricense sabe que dichos requisitos no se cumplen, pues los empleados sí reciben una importante retribución directa de parte de la CCSS.
Así observamos que el rubro de “impuestos” laborales –donde se origina la supuesta alta tasa costarricense– está plagado de problemas. Lo anterior no quiere decir que el Banco Mundial se equivocó en la elaboración del indicador TTR, pues esta institución tiene presentes sus limitaciones. Pero sí quiere decir que se equivocan aquellos que pretenden utilizar el indicador para tratar de hacer un análisis de la importancia de la carga tributaria en países enteros. El mejor indicador para medir la importancia de los impuestos, a pesar de tener sus problemas, es la carga tributaria, según la cual, efectivamente, en Costa Rica pagamos impuestos de tercer mundo.