París, 26 dic (EFE).- Un tercio de los presos de la prisión parisiense de La Santé será trasladado a principios de 2006 debido a la insalubridad del edificio que abrió en 1867 y dónde pululan las ratas y se han llegado a desprender bloques de cemento del techo.
La decisión ha sido adoptada por la Administración Penitenciaria tras leer un informe sobre el estado del único centro penitenciario de la capital francesa que había encargado en septiembre y que alerta del peligro existente en dos de sus bloques, el B y el C.
Cofinanciada por el sector público y privado, la renovación de toda la parte superior de la cárcel, que vista desde fuera recuerda a una fortaleza medieval, comenzará en 2008, durará tres años y costará 150 millones de euros.
La única prisión intra-muros de París acoge actualmente a unos 1.250 presos y cuenta con unos 500 funcionarios, según fuentes sindicales de La Santé.
Las fuentes precisaron que la mayoría de los reos trasladados irán a otros centros penitenciarios de la región parisiense (Poissy, Fresnes, Fleury-Mérogis y Melun) y una mínima parte a sus regiones de origen en aplicación de la política de acercamiento familiar.
Construida por el arquitecto Emile Vaudrement en la segunda parte del siglo XIX y con una forma trapezoidal, La Santé tiene la particularidad de agrupar a los reos por origen geográfico y étnico.
Los bloques B y C, que van a ser desalojados, están destinados, respectivamente, para los presos del Africa subsahariana y del Magreb, mientras que al A van los originarios de Europa Occidental y al D los del resto del mundo.
Esta prisión, con una fuerte presencia de extranjeros, está situada en el distrito XIV de París, donde se concentran las residencias de alto nivel y se suceden las grandes avenidas y las sedes de edificios oficiales.
Un lujo que contrasta con la insalubridad en la que viven los presos de La Santé, a cuyas puertas se llevó a cabo en junio de 1939 la última ejecución pública por guillotina, mientras que en su patio de honor rodaron cabezas hasta noviembre de 1972.
Pero el estado lamentable en que se encuentra este centro penitenciario no pilla por sorpresa, pues ha sido denunciado reiteradamente por el Observatorio Internacional de las Prisiones (OIP) y contado desde dentro hace cinco años en un libro por la que fuera doctora jefe de La Santé de 1993 a 2000, Veronique Vasseur.
En 200 páginas, la doctora desgranaba en "Diario de a bordo" retazos de vida en los que violaciones, ratas y miseria giraban de forma omnipresente y evocaba la dura realidad que supone sobrevivir tras los muros de La Sante: "violencia, tráficos, suciedad, promiscuidad, intentos de suicidio y auto-mutilaciones".
Allí, contaba Vaseur, se hacinaban tres o cuatro presos por celda de diez metros cuadrados, con un retrete colectivo sin tapadera ni biombo; ratas y cucarachas corrían a sus anchas por los pasillos; la miseria se cebaba en los colchones y vestidos; efluvios de retrete y de cloaca, olor a roña e inmundicias impregnaban el aire.
La insalubridad se fundía con la droga, los golpes incesantes, la prostitución, la "omnipresencia del sexo" (...), reseñaba la doctora en su libro que en su día generó un enorme escándalo.
Pero ese estado "escandaloso" y "repugnante" de las prisiones no es exclusivo de La Santé en Francia, según denunció el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Alvaro Gil-Robles, que efectuó en septiembre pasado una visita oficial a Francia para estudiar la situación en el país.
Para intentar concienciar a la opinión pública francesa de esa realidad, varias asociaciones iniciaron una campaña el mes pasado.
Bajo el lema "La prisión sólo llega a los demás", denuncian que el "dramático" estado de hacinamiento y de higiene de los presos se ha agravado con la actual política gubernamental.
A 1 de octubre de 2005, la población carcelaria francesa era de 57.163 personas para 51.144 plazas, lo que supone un índice de ocupación del 112 por ciento.
En 2002, el Gobierno anunció la construcción de 30 nuevas cárceles hasta 2007 para hacer frente a ese problema. EFE
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